Lunes 9 de diciembre, 2019
  • 8 am

Las virtudes en el otro

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce De León.
“Ser bueno no es sinónimo de ser idiota. Ser bueno es una virtud que algunos idiota no entienden”.
Me llamó la atención esta frase y por eso la quiero compartir con ustedes, lamentablemente no figura el nombre del autor, pero tengo la impresión que somos varios los que “nos confundimos” cuando vemos un ser humano bueno, ya que lo primero que pensamos: “este es un infeliz” y muchas veces le agregamos: “es un abombado”. Miren que lo hago o lo pienso, y es tan común que; ni lo conocemos; pero al verlo, ya sacamos nuestro juicio, y hasta lo hacemos en voz alta.
Cuantas veces confundimos a una persona mansa, tímida, quieta; pensamos que es buena, mientras a otra que es activa, alegre, gritona, extrovertida, la tizamos de loca y hasta de mala. No deja de ser un juicio rápido y hasta sin fin de ofender, pero lo hacemos, y si nos llegan a pedir una opinión de cómo es, la catalogamos de buena o mala; sin conocer.
Tengo la impresión que solamente uno sabe si es bueno o malo, porque es muy fácil ser de una forma para afuera y otra para adentro, que en criollo no es otra cosa que ser falso. A muchos no nos cuesta nada hacer “teatro” y así engañamos a la gente, que existen, en juzgar por lo que se ve, a una persona.
Ser bueno es una virtud, que aquel que la tiene, la tiene que cuidar, alimentarla, y mejorarla. Si no se hace eso, corren el riesgo de pasar al ramo de idiotas. El corazón es una “achura” que no se ve, pero es el depósito de todas las virtudes, y que el propietario de dicho lugar es uno, y nadie más. Cuando juzgamos, lo que hacemos es mirar el corazón del otro, que aunque sabemos que es imposible, lo hacemos igualmente, sabiendo que muchas veces las apariencias engañan. Se puede pensar que no es fácil, no juzgar a alguien, pero lo común es que lo hagamos.
¡Cuantas virtudes tienen las personas que nos rodean! y nos damos cuenta, cuando comienzan a actuar cerca nuestro, y lo primero que logran es dejarnos de boca abierta, asombrados, y recién nos damos cuenta del valor que tenemos a nuestro lado, antes lo teníamos por un idiota.
Me parece que ahí está la diferencia mayor, para nosotros, los “vivos” los “buenos”, existen los idiotas; para los buenos, todos somos buenos. Para los buenos, todos tenemos virtudes, que es capaz que estén ocultas y es como una obligación, descubrirlas y fomentarla. Para nosotros (somos los vivos, los buenos) los otros no sirven ni para espantar moscas, por algo somos los mejores, los buenos. Nuestro bueno es externo, para los realmente buenos, está la virtud dentro del corazón. Por eso la buscan, y son tan buenos, que nos ubican a trabajar en un lugar que podamos desarrollar nuestras virtudes. Y somos muy felices porque estamos donde nos gusta; y no agradecemos la bondad del que me colocó donde soy feliz.
Cuando les voy escribiendo, vuelan por mi memoria las veces que me hicieron feliz, y nunca agradecí. ¿Saben porque? Porque no soy bueno y creo, estando muy lejos de serlo, que soy bueno. Diría un viejo refrán: “salí a cazar buenos y agarré todos malos; salí a cazar malos y fue lo único que casé”
No creo que sea así, pienso que existen las personas buenas, y como no están para el “aplauso”, sino les vemos actuar, no pensamos lo bueno que son.
Si tendremos que pedirle a Dios, que me de la virtud de la ubicación, de la humildad, de reconocer mis límites, dado que es la única forma de ser realmente bueno.