Domingo 19 de mayo, 2019
  • 8 am

Oler para recordar

Néstor Albisu
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Néstor Albisu

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Dr. Néstor Albisu
En divagues anteriores, sugerí distintos tipos de Museos que exhibieran recuerdos. Sugerimos la posibilidad de abrir Museos muy especiales. Sabiendo que muchos de ellos tendrían cosas imposibles de mostrar por eso los llamamos “virtuales”.
Un poco para estar a la moda de esta época cibernética y otro poco sabiendo que la gran mayoría de las cosas que proponíamos en esos Museos “tan” especiales sería imposible su exhibición.
No se si sos de los fanáticos que dicen leerme todos los jueves si fuera así tal vez recuerdes esos ejercicios donde la imaginación y la nostalgia te invitaban a jugar conmigo. Lo cierto que después del 1ero (que hace muy poco reedité luego de casi 15 años), comenzaron a caerme ideas tan o más locas que las mías. Y así me ayudaron a armar sucesivos sagas que me permitieron Divagar, creando con tu ayuda otros museos virtuales. Y continúas enviando.
En este momento te estarás preguntando a donde iré a parar. Pero, casual o no, en un no muy lejano fin de semana en el suplemento de El País, comentan que en España (Santa Cruz de la Salceda provincia de Burgos), abrieron hace poco un Museo de los Aromas. Si lo querés más sencillo un Museo de los Olores
Si, leíste bien, Museo de los Aromas. Allí hay montada una casa donde al recorrerla es posible percibir “los olores”en cada zona y estancia de la misma. Por medios no divulgados y según la hora la cocina despedirá el clásico aroma del café las tostadas y todas aquellas cosas que acompañan el habitual desayuno. Aroma que variará al mediodía, cena, etc. Por supuesto las comidas que se huelen no están…son virtuales. Solo están sus olores.
Así en otras dependencias se perciben olores a jabones, vinos, jamones secándose, quesos estacionándose, así como lavanda y demás aromas de ropa recién planchada. Todo según el lugar de la casa y la hora.
Por supuesto, algunos recintos tienen olores desagradables de acuerdo a su común y diario uso…me comprendés ¿verdad?.
Aún recién inaugurado recibe cada fin de semana, gran cantidad de visitantes que rebalsa la escasa población de los habitantes del pueblo donde fue instalado el original Museo.
También en otro Divague te contaba la extraña sensación que recibí cuando realizando mis giras por el Salto profundo, en el período que ejercí la Jefatura local, temprano una mañana pronto para continuar la gira por los 54 destacamentos que dos veces al año me había auto-impuesto, entré a una cocina de campo y me recibió el aroma de un café con leche humeante recién preparado. Seguro,era leche-leche (sin sacarle la nata o la gordura como le llamábamos de gurises), café-café (no descafeinado y recién molido y pasado). Un pan humeante recién sacado del horno y una vasija con manteca bien batida y casera. Te juro que por instantes me sentí niño, pronto para la escuela y la vieja con el desayuno pronto.
Tiempo después pude leer que en nuestro cerebro, el muy pequeño receptor y clasificador de sensaciones aromáticas (olores) está pegado al sector de nuestra memoria. Por eso dispara más rápido y más nítidos nuestros recuerdos. Más instantáneo que lo que captamos con los otros sentidos (visuales, auditivas, etc).
Por eso en aquella cocina de campaña se me representó tan vívido como suculento mi desayuno escolar y tan nítida como querida la figura de mi entrañable vieja, sirviéndolo. Y al seguir aún sorprendido que un simple aroma me trajera tan fuertes recuerdos, te dejo pendiente una pregunta.
Causalidades-casualidades. Olores-nostalgia; aromas-recuerdos; nostalgia y recuerdos-dulces y doloroso volver al pasado. Y a esta altura a quien “carajo” le importa. ¡Hazme el favor!…. pensalo vos. De cualquier manera ¡que idea loca!…¡oler…..para recordar!