Lunes 9 de diciembre, 2019
  • 8 am

Quince años

Andrés Merino
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Andrés Merino

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Que en los últimos quince años las cosas cambiaron bastante es cierto. Aquí, en la región y en el mundo.

Que las cosas aquí cambiaron para bien es un poquito cierto.

Que las cosas cambiaron aquí para mal es un montón de cierto.

Al llegar el año electoral, el partido de gobierno debe sí o sí basar su campaña en resaltar logros, pues no tiene espacio político para reclamar cambios desde el momento en que puede ser demandado a que los haya hecho antes, en los últimos quince años en los cuales han contado ni más ni menos con mayoría absoluta en el Poder Legislativo.

Y en eso radica uno de los flancos débiles del Frente Amplio, que fue mezquino con los cambios que hubieran transformado fantásticamente al país, casi sin oposición a la vista, y fue generoso con los cambios que han retrasado a nuestra Sociedad. Tuvieron todo para escribir Historia de la buena y no por ejemplo el mamarracho de mentiras de la Historia Reciente. Pudieron ponernos a la vanguardia de América Latina y nos han relegado a las últimas posiciones compartiendo méritos con los peores de la clase a nivel internacional.

Mientras otros países, ubicados hace pocas décadas peldaños por debajo nuestro, han aprovechado estos últimos quince años y han transformado sus Sociedades, brindándole a más de sus ciudadanos la posibilidad de compartir los bienes de la Civilización, en Uruguay hemos dilapidado tiempo y recursos en igualarnos para abajo.

Estos mozos han destruido el tejido social de tal manera que llevará quizá otros quince años sin Frente en el gobierno para intentar repararlo. Nos han enfrentado a uruguayos contra uruguayos, al campo contra la ciudad, al Cerro contra Pocitos, a los vagos contra los que trabajan, a los delincuentes contra los honestos, a los del plan del Mides sin contraprestación laboral contra los que pagan impuestos, a militares contra civiles. Han convencido a generaciones enteras de que el mérito no está en el estudio o el trabajo sino en el arte de vivir de los demás. Todo un Cambalache discepoliano.

Y como los logros a exhibir son dietéticos, no se les ha ocurrido mejor idea que apoyar su campaña electoral en dos puntos asombrosos y de cuidado: el primero es sencillo y fácil de explicarlo a sus votantes cautivos cuando los punteros políticos engañan y amenazan a beneficiarios de planes sociales de que si gana la Oposición se cortará esa ayuda sin más trámite, cuando lo que he oído de tiendas coloradas y blancas es que se continuará apoyando a quienes necesiten, y se exigirán las contrapartidas correspondientes, de acuerdo a las posibilidades de cada caso. Una cosa es promover un país solidario y otra es montar desde el gobierno una fábrica de pobres, ociosos y delincuentes; todo a costillas de los que aún atesoran los valores heredados de nuestros mayores y pretenden salir adelante con su esfuerzo y el de su familia.

La otra propuesta, desde mi punto de vista suicida para los intereses políticos del Frente Amplio como del país, es impulsar una profundización del llamado Socialismo Siglo XXI, mediante un marcado giro a la Izquierda. En otras palabras, proponen que nuestra próxima parada sea la venezuelización o cubanización de nuestro país.

Créalo amigo lector: el sector de Astori, otrora factor de moderación en una coalición sometida a personajes radicales, se esfuma día a día de la mano de su líder en retirada a cuarteles de invierno; y en el seno del Partido Socialista, también componedores en esa sopa, quién sabe por cuál mecanismo, los radicales que reclaman un neto giro a la Izquierda, han desplazado a los moderados.

El candidato favorito del Frente, Ing. Martínez sabe de la pobreza de argumentos de la coalición y del peligro del anunciado viraje, y con buena cara trata de no opinar sobre casi nada, pretendiendo quedar bien con Dios y con el Diablo.

Esa pobreza de perspectivas sumada al peligro de retrocesos socialistas fracasados es el menú que presenta el Frente este año, y que sellarán su estrepitosa derrota.