Jueves 12 de diciembre, 2019
  • 8 am

Un cambio sí, pero de cabeza

Gerardo Ponce de León
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Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce de León

Más de una vez les he comentado que tengo que ser agradecido a Dios, por la vida y como soy. También les he dicho que la vida me ha llevado a conocer cosas, que si me las cuentas les tengo que decir que no tenía la más remota idea del problema o de su existencia. Por eso es que tengo que dar gracias a Dios, por la vida y como soy.

He tenido la oportunidad de llegar a un nivel, de la gente que es diferente, y que tienen problemas que son totalmente distintos, a los nuestros, “los normales”.

Como existen personas que se preparan para atender a esos seres humanos que no son como nosotros, que por lo tanto, el trato no puede ser igual. Este trato conlleva, en muchas oportunidades, a una empatía muy grande entre dos personas. Les voy a poner un ejemplo: el trato con las personas Down, son seres muy cariñosos, y uno corre el riesgo de hacer propio los problemas que ellos tienen, porque ellos “compran” con su forma de ser, son seres muy puros, que no existe la maldad, y si la tienen, es porque alguien (de “los normales”) se encargó de enseñarles.

¿Quién se preocupa por ellos, si no son los padres? ¿Tienen lugar en nuestra sociedad? ¿Alguien cuida que se cumpla la ley de integración laboral?

Este caso es un ejemplo, ya que creo que una sola vez, me encontré con un empleado municipal en silla de rueda. Les aseguro que era muy importante la colaboración familiar (llámese madre) para que cumpliera con su trabajo. En otra oportunidad, con el Sr. Fausto Bentancur; se que no le gusta que lo nombre, pero lo hago al solo fin de tenerlo como testigo; nos encontramos con una secretaria bilingüe, labio leporino, y con faltante de dedos en ambas manos, mientras nos atendía, atendía el teléfono, y nos atendió como a los reyes.

También me gustaría saber cual de los candidatos, en estas elecciones, a tomado contacto, por iniciativa propia, con alguna de estas instituciones. Creo que es mucho pedir. Todos hablan de cambio, pero si ya no les preocupa, en un futuro, menos les va a importar. ¿Será que vale más un voto; en estas asociaciones no hay muchos; que un ser humano?

Nos preocupamos por incluir otro tipo de personas, pero las diferentes, por discapacidad o por anomalías de nacimientos, que se arreglen solos o que busquen la ayuda en otros. Los ciegos aprenden computación; los mudos, hablan con sus manos; a los Down, es tener la cintura necesaria para buscarle un lugar en donde pueda trabajar. Es cierto que todo esto implica un cambio, pero el más grande se debe de desarrollar en nuestra cabeza, en la forma de pensar, es verlos como seres humanos como cualquiera de nosotros. No deja de ser un no me importa lo que dirán.

Es muy lógico que existan profesionales que se especializan en el trato con personas diferentes; y es muy cierto también que tienen el derecho de hacer valer su especialización; como lo hacen en otras ramas de trabajo. Esto implica tener conocimiento del ser humano que tengo delante; y si es necesario, tener la colaboración de otro profesional que tenga conozca de los problemas que pueden ser secuelas de tratar a un ser diferente.

Frente a planteamientos que se le pueden hacer a las autoridades, lo primero que nos van a contestar es que se quiere y se especula con estos seres humanos, y también nos pueden contestar de la peor forma existente: no son económicamente rentables (como ya se ha escuchado)

Por favor, demos gracias a Dios de no tener en nuestra casa, en nuestra familia, ningún tipo de lucecitas, como un día una abuela nombró a su nieta Down, y si la tenemos a no bajar los brazos jamás, ya que son seres iguales a nosotros, nada más que con una pequeña diferencia.