Viernes 14 de agosto, 2020
  • 8 am

UPM

Rodrigo Goñi
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Rodrigo Goñi

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Diario

Por Rodrigo Goñi
El gobierno ha salido a festejar que abrochó un gran acuerdo con UPM para que ésta construya su segunda planta de celulosa.
Atrás quedaron las diatribas contra el plan forestal de los noventa donde se plantó los árboles que hoy se procesan.
Atrás quedaron las negativas a celebrar un Tratado de Protección de Inversiones con Finlandia, país natal de UPM, y también a la construcción misma de la primera planta de celulosa; negativa electoralista del 2004, que llevó a que después de la vuelta carnero del 2005, tuviéramos el desencuentro con Kirchner, a quien obviamente se le había prometido que no se construirían en Uruguay.
Atrás quedaron todas las negativas demagógicas vinculadas a la protección del ambiente.
Hoy se festeja, que después de 30 años de desarrollo forestal, Uruguay tendrá una tercera planta de celulosa, y en la borrachera del festejo, no se cae en cuenta de los costos en que incurriremos para tamaña fiesta.
Habrá costos ambientales en el Río Negro, que ya hoy, sin planta, presenta una seria contaminación.
Habrá costos monetarios increíbles, porque los compromisos que Uruguay asume, para construcción de una vía ferroviaria de 200 Km, de la infraestructura portuaria, del acondicionamiento de Montevideo, de la compra de energía eléctrica, etc, suman varios miles de millones de dólares, que habremos de pagar con sangre, sudor y lágrimas, porque el proyecto en si mismo, no es rentable para Uruguay.
Es claro que si plantamos árboles, fue para venderlos, pero el esfuerzo de venta no puede ser al costo de ponernos de rodillas ante una multinacional.
El proceso concreción de la planta, más que una negociación, fue un proceso de rendición, donde la multinacional fue poniendo condiciones, y Uruguay, no pudo o no supo, capitalizar que tiene la tierra apta, el clima apto y los árboles.
Cuando la resaca que vendrá después de la borrachera, implique endeudarnos, pagar intereses, afrontar consecuencias ambientales, renegociar deudas, donde nuevamente nos harán arrodillar, no olvidemos que serán todas consecuencias, de malas decisiones de hoy.
Los gobernantes actuales, fruto de una concepción antigua del mundo, siguen pensando que la industria es lo máximo en el desarrollo de un país, que el desarrollo industrial asegura el progreso de las naciones, y por eso han estado dispuestos a todo con tal de tener una industria más, sin caer en cuenta, que en realidad, el desarrollo hoy pasa más por el conocimiento y que en este caso específico, los países desarrollados, se han sacado de encima, todo el proceso, incluida la plantación de árboles misma.