Martes 19 de noviembre, 2019
  • 8 am

Del clóset

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*
La invisibilidad en relación al tema de la homosexualidad, ha ido cambiando y naturalizándose.
Hace 40 o 50 años atrás, se creía que era una enfermedad.
Al ser una “enfermedad”, podía “curarse”. O cambiarse.
Los padres creían que con la ayuda psicológica o psiquiátrica, iban a lograr hacer cambiar de opinión a sus hijos, en cuanto a su elección de pareja.
Elegir a alguien del mismo sexo, generaba actitudes de vergüenza, aislamiento, depresión.
Hoy, los padres pueden aceptar o no, pero saben, porque hay más información, que los hijos eligen su vida, su pareja. Y que no es una enfermedad. Es una opción.
También se fueron descartando causas posibles que generaban culpas enormes a los padres, como el creer, que tenía que ver con una sobre protección materna y una ausencia paterna.
Hoy los padres consultan, para tratar de entender y aceptar la orientación sexual de sus hijos/as.
Los cambios socio-culturales permiten entender que la persona es persona por cómo es, por sus valores y no por su elección de pareja.
La libertad de elegir, de aceptar, de expresar la afectividad entre las personas del mismo sexo, ha sido una libertad de ser y sentirse como cada uno se sienta, ganada luego de años de vivencias de rechazo, destrato, violencia, bullying, discriminación, padecido por quienes elegían, se sentían o se expresaban “diferentes” a como la sociedad estipulaba que era lo “correcto”.
Desde la perspectiva de Género, voy a desarrollar algunas situaciones que pueden aclarar dudas en relación a gays y lesbianas.
Generalmente el descubrir la atracción por el mismo sexo, surge antes de la adolescencia. Momento de la vida, que más allá de la elección amorosa, se transitan muchos duelos. Duelo por los padres infantiles, por las ideas, los pensamientos, la religión, la amistad, el futuro, etc.
De la misma forma, los padres deben transitar duelos del ideal de hijos que tuvieron desde que nacieron. Cuando los hijos hacen, piensan, diferente a lo soñado, implica una herida narcisista.
Cuando además agregan que no van a estudiar o se van a tatuar o lo que sea que no sea lo esperado por los padres, la confrontación no tarde en llegar, en decepcionar…
Aceptar que los hijos no son como los deseamos, es un duelo. Y por una cosa u otra, en algún momento hay que transitar.
El ideal del hijo héroe o la niña princesita, u obedientes, como cuando eran niños, es un deseo interno de algunos padres. Aceptar que los hijos piensan distinto, que ese ideal anhelado, es parte de los tantos duelos que se deben procesar como padres de adolescentes.
A su vez los hijos, también tienen sus angustias, sus culpas por no cumplir los deseos de sus padres.
Enterrar los ideales, en una sociedad heteronormativa, implica tener que “dar cuenta”, aclarar o revelar. Cuando se es heterosexual, no hay necesidad de “revelar” nada, pero si para el hijo/a, cuando no lo es, implica un momento difícil, una obligación visibilizar, que elige a alguien de su mismo género.
Aceptar que un hijo es gay o una hija lesbiana, es un proceso interno y singular. Cada padre, madre, hermano, tiene su tiempo.
También implica en los padres, la escucha, de la revelación de un secreto o supuesto, que seguramente se guardaron por mucho tiempo.…
A veces los padres, sienten como esa necesidad de buscar un culpable, o algún suceso que haya desencadenado la elección de los hijos.
Descongelar estos ideales para dar lugar a la realidad, es parte de un proceso singular.
Poder conectarse con los hijos, hagan la opción que hagan, conectarse con las personas que son, con sus virtudes, sus logros, es valioso para todos los integrantes de la familia.
Hay un tiempo para suponer, un tiempo para decirlo y un tiempo para incorporarlo y procesarlo.
El mayor deseo de los padres es que sus hijos sean felices y se sientan realizados, y para esto hay que dar lugar a elegir vivir, y vivir de acuerdo, a lo que se siente.
*Especialista en Psicoterapia Vincular