Miércoles 18 de septiembre, 2019
  • 8 am

Otra vez el voto desde el extranjero

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

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Dr. Fulvio Gutiérrez
Otra vez se da cuenta de un nuevo empuje político del gobierno frentista a nivel parlamentario, para lograr la aprobación de una ley interpretativa de la Constitución, sobre los derechos inherentes a la ciudadanía, buscando poner en práctica el voto de los uruguayos que viven en el exterior, sin que tengan que viajar a votar en nuestro país.
En tal sentido, hace algunos meses, la Cámara de Senadores aprobó un proyecto de ley bastante raro, porque sin entrar en el fondo mismo del problema, lo que hacía era habilitar a que una Comisión elabore un nuevo proyecto regulando precisamente el voto de ciudadanos uruguayos desde el extranjero. Por disposición constitucional, una ley en tal sentido requiere dos tercios de votos del total de componentes de ambas Cámaras.
Nuestra opinión ha sido siempre la misma: habilitar el voto de ciudadanos uruguayos en el extranjero (voto epistolar o por correspondencia) y voto consular (votar en los consulados uruguayos), es inconstitucional. Ergo, cualquier intento en concretar esa iniciativa, necesita la previa reforma de la Constitución. No se lo puede habilitar mediante una ley interpretativa.
Sin entrar en profundidad como lo hicimos en otra oportunidad, el traer el tema otra vez a la consideración pública por parte del gobierno, parece bueno reiterar nuestra opinión, que es la de la oposición parlamentaria.
De acuerdo a nuestra Constitución, todos los “habitantes” forman parte de una asociación política denominada República Oriental del Uruguay. Dentro del concepto “habitantes” están aquellos que son ciudadanos, los que pueden ser “naturales” o “legales”. Para diferenciarlos, se tienen en cuenta dos criterios: el denominado “jus soli” o derecho del suelo, esto es, liga al ciudadano con el territorio donde nació; y el “jus sanguini” que liga al ciudadano con la nacionalidad de sus ascendientes.
En cuanto al ciudadano natural establece dos clases: los nacidos en cualquier punto del territorio de la República (jus soli) y los hijos de padre o madre orientales, cualquiera haya sido el lugar de su nacimiento, “por el hecho de avecinarse en el país e inscribirse en el Registro Cívico Nacional” (jus soli). Es decir, incluso a los ciudadanos naturales que nacen fuera del territorio nacional, se les exige para que puedan ejercer el derecho al voto, que se radiquen en el país (no otra cosa quiere decir avecinarse) y que además, cumplan con un requisito administrativo de inscribirse en el Registro Cívico Nacional, esto es, la obtención de la documentación correspondiente (credencial cívica).
En cuanto al ciudadano legal, hay tres casos: a)Aquellos que tienen familia constituida en la República, con capital en giro o propiedad en el país, o que profesan alguna ciencia, arte o industria, y además, residan en forma habitual en la República durante tres años (jus soli). b)Aquellos que si bien no tienen familia constituida en la República, cumplen los otros requisitos, pero en este caso, deben residir en forma habitual en la República durante cinco años (jus soli). Es decir, la residencia o avecinamiento en el Uruguay es imprescindible, por lo cual constituye un elemento esencial para el ejercicio de la ciudadanía. c)El tercer caso, es muy especial y se ha dado en pocas circunstancias: se trata de la ciudadanía natural por gracia de la Asamblea General, que se obtiene “por servicios notables o méritos relevantes”. Si bien no se indica expresamente, parece claro que esos servicios o méritos se deben cumplir en nuestro país, o sea estando radicado en el Uruguay.
Por otra parte, en cuanto al ejercicio efectivo de la ciudadanía, vuelve a exigir el jus soli, ya que su derecho solo lo podrán ejercer recién tres años después del otorgamiento de la carta de ciudadanía, lo que en definitiva nos está diciendo que también después de ser ciudadanos, deben quedarse radicados en el Uruguay, para efectivizar su ejercicio.
Finalmente, el art 81 expresa que la nacionalidad no se pierde por naturalizarse en otro país, y para recuperar el ejercicio de los derechos de ciudadanía, basta con “avecinarse en la República e inscribirse en el Registro Cívico”. Es decir, una vez más, el avecinamiento o residencia es condición “sine qua non” para recuperar el ejercicio de los derechos de ciudadanía..
En síntesis; la ciudadanía no se pierde por radicarse en el extranjero, pero su ejercicio real efectivo (esto es, votar), solo se puede hacer en el Uruguay. Cambiar esto, supone modificar la Constitución, por lo cual una ley interpretativa es jurídicamente inviable para tal fin.