Jueves 12 de diciembre, 2019
  • 8 am

La preocupación cotidiana

Andrés Merino
Por

Andrés Merino

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Por Andrés Merino
Estoy por estos días leyendo el libro “Tres Hombres y Una Batalla” de Diego Fischer que trata de la intervención de tres personajes de nuestro Uruguay en la epopeya del Graf Spee en los años treinta del siglo pasado, al principio de la Segunda Guerra Mundial. Cómo dije, describe a esos hombres y a su tiempo, inclusive los años anteriores, y nos da una pincelada de lo que era nuestro país en la primera mitad del Siglo XX. Da ganas de llorar. De llorar por lo perdido como Nación, como Sociedad, como Tierra Prometida reconocida mundialmente.
Cada noche, al cerrar el libro, una sensación de desolación me recuerda la sopa de maldad social en que nos han convertido.
La semana pasada fui por tercera vez víctima de la delincuencia en el plazo del último año. Tuve suerte que sólo me rompieron en Montevideo, a plena luz del día, el vidrio del auto y me robaran todo lo que encontraron a mano. Digo tuve suerte esta vez pues no fui rapiñado como las dos veces anteriores, una de ellas sufriendo lesiones por la violencia ejercida por las lacras drogadictas que me asaltaron.
Una vez más experimenté esa particular sensación de sentirse vejado, impotente, ante la impunidad con que manejan Montevideo y ahora también gran parte del Interior los ejércitos de delincuentes que campean sin límites a la vista.
Hace ya meses, en esta misma columna me refería a las “zonas rojas” de Montevideo y cómo evitarlas. Recuerdo que un periodista salteño me recriminó el artículo, en defensa de no sé qué, y molesto me manifestó que “exageraba” en el mismo. Pues bien, le diré al amigo periodista y a cualquier desprevenido que hojee estas líneas, que subo mi apuesta y que las “zonas rojas” en Montevideo se han extendido, como una mancha de postración de una Sociedad que sucumbe día a día a la delincuencia.
El último robo lo sufrí en el Cordón, cerca de Parque Rodó, hermosa parte de una ciudad que supo ser la Tacita de Plata, pero que hoy alberga a un picherío que deambula tal como zombies.
La inseguridad sigue siendo el tema que más preocupa a los uruguayos y en especial a los montevideanos, realidad que muchos precandidatos que compiten en el ámbito político por estos días parecen olvidar u obviar, insistiendo en alejarse cada vez más de un gran reclamo popular. Son pocos los políticos que dicen sin vueltas que tomarán severas medidas para intentar, por lo menos, revertir este caos social y de valores, y el que porte el palo más grande para poner orden sin dudas debería recoger la mayor adhesión de una población acorralada y encerrada tras rejas.
Sé que habrá lectores (de los 8, al decir de Sánchez Padilla) que pensarán que lo mío es un lamento boliviano. Pues bien, a mí se me ocurre como nuestra preocupación cotidiana.