Miércoles 18 de septiembre, 2019
  • 8 am

La fuerza del amor

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo
Ponce de León
Si de algo me jactaba era de ser un agradecido frente a Dios, por tener lo que tengo, ser como soy, de ver gente que cree en uno, y tantas cosas más que se le quiera agregar; pero la verdad, es que si de algo tengo que agradecer, es que me permita ver mis limitaciones, en ejemplos de vida que me tocar estar presente, conocerlos y valorarlos en su justa dimensión, que es lo que me permite, su conocimiento, vivirlos. El resultado de esto es un dejar por tierra, todas mis virtudes de agradecimiento.
Frente a graves problemas de la vida, en momentos que ella estuvo en juego, y van lentamente, peleando, todos los días, contra “la parca”, con un gran arma, como es las ganas de vivir; por más que se de los días, que como cualquier ser humano, se les cae el ánimo; sacan fuerzas, como el Ave Fénix, de las cenizas, y vuelven a la lucha.
Gente que son ejemplos; y muchas veces llegamos a criticar, por cosas que hacen, olvidándonos, que viven el día a día, la hora a hora, el minuto a minuto, gozan de ese instante, que saben que, capaz de ser el último, y ponen todo lo que está a su alcance para ser felices, y superarlo.
Ellos y hasta uno, piensan, y ¿por qué, siempre a ellos?, ellos dirán ¿por qué siempre a mi? Me podrán decir que no soy yo el que está en ese lugar, y que por eso pongo esto, pero creo que Dios sabe muy bien, que no tengo ese espíritu, esa fuerza, ganas de vivir tan grande. Yo soy capaz de tropezar varias veces con la misma piedra y me cuesta levantarme, en cambio ellos, ponen primero la aceptación, luego las ganas, y con “el motor” prendido siguen luchando.
Podría nombrar más de un caso que conozco que son así; pero puedo cometer la injusticia de no nombrar alguno, y luego, siento dentro de mi, que me gritan: “no me nombraste, no te acuerdas de mi caso”. No creo y no lo oriente exclusivamente a la salud, ya que hay casos de familias que les toca vivir momentos muy difíciles, los afrontan, lo ganan o lo pierden, pero se levantan y siguen hacia delante.
Cuando los veo que ponen una fuerza sensacional, cuando nos cantan, “Celebra la vida”, porque es un himno muy personal, para ellos, porque es la razón de su vida, es el resumen de su sentimiento, es el motivo de todos los días, los entiendo y siento una sana envidia, de su forma de encarar el o los problemas; veo más marcadas mis carencias.
Una familia podrá ser unida, podrá tener todas las comodidades, toda la tecnología disponible, pero la unidad se hace mucho más visible cuando junto a la unión familiar, existe la carencia de…….., los vínculos se fortalecen, se comulga el mismo idioma, pasan: la comodidad, el egoísmo, mi interés personal, a segundo plano; es señal que la familia está más unida que nunca, y todos juntos se ayudan, y juntos, con una fuerza sensacional, luchan para salir adelante.
Todas estas emociones que uno ve, que estos seres humanos, viven, son un canto a la vida. Uno, muchas veces sin querer, valora cosas que, llegan a ser insignificantes, frente a cosas que ellos viven, ya que ellos, valoran y viven el segundo.
Tenemos que aprender de ellos, a darle el verdadero valor a las cosas; a vivir y darle el real significado a cada hecho que nos pasa, a no quejarnos por cualquier problema, ya que muchas veces, frente a lo que ellos les ha tocado vivir, no es nada. No es ser conformista, sino mirar y ver la vida en su real dimensión.
Tienen a su favor a su gran aliado, que es la familia, y basan, gran parte de su fuerza, en algo que lo viven desde su niñez: el amor.