Sábado 14 de diciembre, 2019
  • 8 am

La única propuesta seria para generar trabajo

Pablo Mieres
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Pablo Mieres

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Pablo Mieres
El principal problema que sufren los uruguayos es la pérdida de puestos de trabajo, la desocupación y la incertidumbre sobre la continuidad del empleo.
La pérdida de empleo o la dificultad para obtenerlo es una de las situaciones más angustiantes para una persona en la sociedad actual. Afecta la autoestima, tiene una fuerte onda expansiva sobre sus familias y amigos y se convierte en un problema que se agrava cada vez más con el paso del tiempo.
Los datos actuales sobre la situación laboral en nuestro país son muy preocupantes. En los últimos dos años se han perdido más de cincuenta mil puestos de trabajo, y la desocupación, medida de acuerdo al criterio del INE que es muy estricto, indica que está aumentando y se acerca nuevamente a los dos dígitos. Es más, en el interior del país la cifra ya está por encima del 10%. Por otra parte, el desempleo no incluye a todos aquellos que dejaron de buscar trabajo porque se cansaron de intentarlo, por lo que el número de personas con problemas de empleo es ciertamente mucho mayor.
La falta de trabajo afecta no sólo a los trabajadores de empresas de cierta magnitud, sino que también está golpeando duramente sobre las micro y pequeñas empresas en donde la reducción de personal está a la orden del día. En efecto, un pequeño empresario al que no le dan las cuentas, termina asumiendo de manera personal y exclusiva toda la actividad, prescindiendo seguramente con pesar, de sus colaboradores. Esta situación es un “goteo” permanente de pérdida de puestos de trabajo a pequeña escala.
También está afectada la actividad de los trabajadores por cuenta propia, que dependen de la dinámica del mercado y reciben el impacto de forma indirecta como resultado del freno de la economía.
La cuestión principal, entonces, en medio de una campaña electoral, es qué proponemos para revertir esta tendencia, generando puestos de trabajo y aumentando la demanda de empleo.
Hay muchas opciones para proponer soluciones; pero muchas de ellas son “espejismos” u opciones engañosas o directamente no son salidas reales.
En efecto, hay propuestas que simplemente proponen un número mágico, prometiendo un aumento de puestos de trabajo esplendoroso, esquivando la explicación de cómo se llega a tal objetivo. No importa, lo que importa en estos casos es generar el impacto publicitario y buscar captar de manera irresponsable la esperanza de tanta gente en dificultades. Este tipo de conducta, aquí y en cualquier lugar del mundo se llama “demagogia” y es uno de los más graves vicios de la mala política.
Hay otros que, en el discurso o simplemente en la práctica, generan empleo por la multiplicación de cargos en el Estado, sea a nivel nacional o departamental. Se establece una competencia entre los diferentes partidos que tienen a su cargo un gobierno para mostrar que han generado empleo.
Claro, para esta iniciativa no importa que los cargos sean necesarios o útiles para realizar tal o cual tarea en el Estado, lo que importa es generar empleo público que produce o impulsa un reflejo de clientelismo que es más viejo que “el agujero del mate” y, sin embargo, su utilización genera una afectación de la actividad productiva en el país que repercute en el empleo genuino.
En efecto, el único camino que existe hoy para generar empleo, sin magia y con seriedad, consiste en generar un equilibrio en la economía que permita retomar el camino del crecimiento; es decir que los empleadores (grandes, medianos y pequeños) vuelvan a recuperar márgenes para crecer y, por lo tanto, para requerir de trabajadores.
Ahora bien, para que la actividad económica se reactive en nuestro país, hay que tomar decisiones de política económica que permitan aliviar el peso de impuestos y tarifas públicas y para que se puedan reducir estos costos, imprescindibles para el crecimiento de la economía, se debe reducir sustancialmente el déficit fiscal del Estado.
Y para reducir el déficit fiscal es esencial actuar sobre la magnitud del gasto público de manera tal que se alinee con los ingresos genuinos del Estado. Es básico realizar un profundo proceso de revisión del gasto público a lo largo y ancho de las diferentes áreas del Estado eliminando despilfarros, gastos suntuarios o prescindibles, retirando al Estado de actividades que dan pérdida y que no son esenciales ni estratégicas para que las realice y construir un Estado inteligente y eficiente.
La reducción del déficit fiscal es el único camino genuino para reactivar la economía y permitir que los empleadores vuelvan a tener margen para demandar mano de obra. Lo demás son promesas sin respaldo ni fundamento o caminos perversos que, tarde o temprano, generarán más desempleo.
El único camino auténtico para prometer a los ciudadanos la recuperación del empleo es explicar qué cosas hay que hacer para activar la economía. Lo demás es caer en los caminos de la demagogia o el clientelismo, dos opciones que le hacen daño a la democracia y que, tarde o temprano, aumenta el desprestigio de la política.
Se puede cambiar este país, se puede recuperar el empleo y generar una nueva esperanza para tantos uruguayos que hoy sufren la ausencia de trabajo, pero hay que hacerlo por el camino auténtico, sin vender versos ni espejitos de colores.