Jueves 12 de diciembre, 2019
  • 8 am

Lo importante está en los mangos

Andrés Merino
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Andrés Merino

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El tango dice infaliblemente: «Lo importante está en los mangos, ….aunque vengan de lo peor». Y bien que tiene relevancia la capacidad económica de los partidos y candidatos en estas Elecciones Internas, sin entrar a pensar lo que será en las Nacionales.
Es que el escenario se ha movido y ha cambiado en este año electoral. Aparecen con una incidencia aún por comprobar las redes sociales, aunque se puede sospechar que no va a ser menor; antes de que tuviéramos en nuestro celular la capacidad de hacer casi todo lo que a comunicación se refiere, la dinámica de una elección, y ni qué hablar de una no obligatoria como la de junio, era artesanal: un candidato si pretendía que su rostro y nombre fueran recordados, debía tapizar ciudades y caminos con su imagen. Si quería difundir sus ideas tenía que recurrir a imprimir miles de volantes o hacer cola para ser entrevistado en diarios, radios y TV. El contacto con su público se materializaba en los famosos «actos» de campaña que no pasaban de concentraciones poco numerosas de adictos ya convencidos o de acarreados que ni sabían por qué estaban allí. Esfuerzo, artesanía, efectividad más que discutible.
Aún, sin dudas, mantiene una incuestionable penetrabilidad la TV, especialmente los noticieros, pues a partir de esta semana en que la legislación lo habilita, comienza el bombardeo de publicidad de los diferentes aspirantes a un costo sin dudas astronómico; el hecho de soportar aviso tras aviso termina aburriendo al televidente que practica el zapping como deporte nacional, o simplemente se zambulle en cualquier otro lado de la variada oferta presente en los cables.
De manera que aún no sabemos bien la manera más efectiva que tienen los políticos para contactar con el público, generar empatía, hacerle llegar su lista y lograr que vayan a votar en una elección no obligatoria. Es por eso que aquellos candidatos que pasadas las Internas se paseen por sus partidos con mil votos debajo del brazo serán mirados con admiración.
Pero no sólo ha cambiado el escenario comunicacional: la disponibilidad de fondos para solventar pretensiones políticas se ha complicado a su vez.
Tradicionalmente, cada partido o sector contaba en parte con el apoyo de particulares y empresarios que elección tras elección abrían su chequera ante la visita de las Comisiones de Finanzas de los agrupamientos políticos. Era una manera de «estar en el ruido» y con conexiones útiles en los próximos cinco años.
Una biblioteca ubica esta práctica como cercana a la corrupción, y a pesar de que no ha habido acuerdo para establecer una legislación clara al respecto, las empresas se han retraído de acercar apoyos temerosas de ser revisadas sus cuentas en busca de un inexistente a la postre lavado de dinero. A nadie le gusta ser revisado, aunque no haya qué ocultar.
Y si los candidatos no tienen acceso a los clásicos apoyos que recibían, cómo lidiar con magnates que deciden incursionar en política que desembarcan con sus alforjas llenas del vil metal?
La política se transformará en una actividad que puede ser comprada como cualquier otro bien material?
Es reprochable que una persona utilice su fortuna personal para competir?
Como todo, las opiniones están bien divididas, y por supuesto que es materia más qué interesante a tratar en columnas venideras.
Será que «billetera mata galán»?