Sábado 7 de diciembre, 2019
  • 8 am

El perro y la pulga

Andrés Merino
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Andrés Merino

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Por Andrés Merino
Siempre comparo la suerte de Uruguay con la de una pulga en el lomo de un perro. Me refiero a los efectos de nuestra cercanía con la Argentina y a la diferencia de tamaños, considerados en escala. Si el perro está dormido, dormimos; si se levanta y corre, corremos montados en su lomo. Si se moja, nos mojamos, y si se sacude, nos tenemos que agarrar bien para no salir volando. Otros nos comparan con Brasil, y señalan que tenemos la población de un barrio de San Pablo. Minúsculos comparados con nuestros vecinos; y también dependientes.
Dependientes de la influencia económica, cultural, social; y a muchos nos atan lazos de parentesco con argentinos principalmente.
Nuestra Historia está entremezclada en muchos momentos, y hasta a veces seriamente enfrentados.
Por eso me impactó una nota de Mario Vargas Llosa que circula en las redes referente a la Argentina. El Premio Nóbel de Literatura no es hombre de mandarlas decir: es directo, brillante y despiadado a la hora de definirse.
Vargas Llosa hace una crítica muy dura al Pueblo Argentino, responsabilizándolo en definitiva de su complicado presente económico, político y social. Compara a la Argentina con aquel país que supo ser el más rico del mundo, vanguardista en Educación, Cultura y todo lo que rodea a un pueblo en su momento desarrollado. Destaca el buen nivel de vida en todo sentido que se disfrutaba hasta la segunda mitad del Siglo XX, comparando con una Europa incendiada en guerras recurrentes.
Pero también destaca la mala cabeza de los argentinos a la hora de elegir liderazgos, seducidos por demagogos, aventureros, dictadores y últimamente por asociados para delinquir.
No es de desdeñar la capina que aplica Vargas Llosa a nuestros hermanos del Plata, y en vista del origen de la crítica, se debería tomar nota de esa opinión de relieve.
Creo que en Argentina mucha gente, la que se detiene a analizar mínimamente en el corral de ramas en que están, es conciente de que los valores de otrora se han pulverizado, que está más vigente que nunca la resignación de Discépolo, que se terminó la fiesta loca y es hora de apoyar esfuerzos serios para salir de las arenas movedizas, aunque duelan y ofusquen. Pero al ver la TV argentina, a los políticos y opinólogos, perece mentira que siga vigente la posibilidad de una vuelta al poder de quienes ahora sí han metido al país en más que serios problemas.
Y por casa, cómo andamos?
No compartimos con nuestros vecinos la bonanza de la primera mitad del siglo pasado?
No padecimos a la par el embate de la guerrilla castrista?
No nos fumamos al igual dictaduras?
No compartimos afinidades bolivarianas?
En fin, me viene a la cabeza la imagen del perro y la pulga.