Miércoles 3 de junio, 2020
  • 8 am

Su último concierto

Néstor Albisu
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Néstor Albisu

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Dr. Néstor Albisu.
A este personaje “made in Salto” del que me ocupo hoy, lo conocí ya veterano. Pero lo rodeaba una leyenda. Contaban que representaba a principios del 1900, el prototipo del “cajetilla”, en nuestra aldea. Hoy le dirían un hombre de “mundo”.
Descendiente de acaudalada familia, entre los 1920 y 1940 sus “locuras juveniles” hicieron época, aumentadas por la fantasía popular. Aclaremos que nunca hizo mal a nadie, tal vez a sí mismo, por su vida bohemia, tan de la “belle epoque”.
Frondosa imaginación. Sin haber hecho nunca grandes viajes, discutía con veteranos viajeros y daba detalles de donde se comían las mejores “baguetts”en Paris, o los indescifrables laberintos de Indochina, o los mejores prostíbulos de Ámsterdam. Leía y sobre todo dejaba volar su imaginación. Y la mayoría de las veces los verdaderos viajeros terminaban pidiéndole consejos para su próximo viaje.
Muy conectado con la cultura, alternaba con compañías que mes a mes actuaban en el Larrañaga. La mayoría venían de Buenos Aires y no tocaban Montevideo, aprovechando el servicio de vapores desde Argentina. De todo eso se nutría el Barón (¿sería realmente su nombre de pila?), y esos datos los vivía como propios.
Su barra de amigos, con los que compartía mesa del Club Uruguay o Confitería Oriental, conocían el hecho y disfrutaban cuando caía algún desprevenido viajero, con los imaginados relatos del recordado Barón. Pero les era insoportable cuando su amigo insistía en sus dotes de violinista. Relataba sus conciertos integrando como 1er. violín de famosas sinfónicas de Londres, Milán, Roma Moscú, Washington, etc. Hablaba sobre partituras, directores, ovaciones, críticas consagratorias, etc.
Barón leía mucho sobre música, pero al violín… solo de vista. Un día sus amigos deciden darle una lección. Consiguen un excelente violín, y lo mantuvieron en secreto.
Esa noche la barra más concurrida que de costumbre. Fueron llevando la charla a la música y Barón mordió el anzuelo. Aprovechó el tema para relatar un imaginario concierto en San Petersburgo. Frenando su paroxismo imaginativo, uno de sus amigos comenta: – “¡Qué bueno Barón, lástima que tus amigos nunca te escucharon!”. Sonriendo Barón respondió: -“Lamentablemente nunca tuve un buen violín a mano”.
Miradas de triunfo intercambiaron sus amigos. Rápidamente pusieron en la mesa frente a su amigo, un estuche diciéndole que había caído en sus manos ese extraordinario instrumento y pensaron que era ideal para que mostrara sus virtudes. Barón no demostró sorpresa. Abrió el estuche, miró largamente el violín y lo volvió a cerrar.
El ambiente estaba para estallar en carcajadas esperando confesara su ignorancia como intérprete. Barón carraspeó, secó una imaginaria lágrima con su fino pañuelo, y habló: “-Amigos, tal vez para no entristecerlos, preferí no contarles la última parte de mi vida como Primer violín.
Me encontraba en la Scala de Milán culminando una difícil interpretación de Czardas de Monti, cuando por el rabillo del ojo veo que entre los telones laterales me llamaban la atención agitando un papel. Entusiasmado por la bella partitura, no hice caso y culminé la interpretación. Mí público y la Sinfónica, todos de pie, me ovacionaron más de cuarenta minutos. De pronto uno de los porteros, que era el que llamara mi atención, me alcanza el papel que agitaba, era un cablegrama. Al leerlo se me paralizó el corazón, ¡Mí madre había fallecido!
Tomó un trago de whisky, se secó otra imaginaria lágrima y continuó: -Fue en la Scala de Milán y… frente a mi público, juré por la memoria de mi madre que ese era mi último concierto y nunca más tocaría el violín”.
Los amigos que habían ido a reírse de él, quedaron estupefactos. El Barón hizo fondo blanco con su bebida, secó sus comisuras y una última imaginaria lágrima. Los amigos fueron por lana y salieron trasquilados.
¡¡¡BARÓN…sorpresitas a vos… que en la escuela de la fantasía tenías calle, mostrador y quilombo para regalar!!!