Viernes 19 de julio, 2019
  • 8 am

El clima y la secuencia de licencias en la industria frigorífica

El cierre de plantas de faena, que van dando licencia anual a su personal mientras realizan tareas de mantenimiento y salen del mercado ganadero, parecía la estrategia más efectiva para poner paños fríos al mercado ganadero.
Hasta el momento, nada había servido para detener la escalada alcista de precios de estas categorías y las de reposición.
Entonces, dado que las plantas de faena había tenido que mejorar sus precios para tentar a los productores a desprenderse de su (también poca) oferta, el recurso que iba quedando era un freno en el nivel de faena. El mejor, pero también el único.
Con lo que no contaban, ni los compradores ni los vendedores, era que empezara una semana completa de lluvias y temporales de lluvia y viento que borrase la oferta de ganado para faena. Fuese porque la oferta ya era poca o porque los negocios cerrados no pueden embarcarse, la realidad es que el mercado de los últimos días ha sido más virtual que otra cosa.
Las cargas han estado muy complicadas, debido a los cursos de agua crecidos, así como a los caminos intransitables y los campos anegados. Se trata de una situación que trae el recuerdo de los mismos problemas ocurridos durante enero, cuando en algunos días no fue posible completar los embarques comprometidos, obligando a los compradores a salir a buscar otros lotes o, en el peor de los casos, tener que suspender la faena por falta de materia prima.
Las fuentes relevadas durante estos días por Negocios Ganaderos destacan lo imposible que se ha vuelto el tema de los embarques. También señalan que cada lote tiene un valor único, siendo muy difícil establecer promedios, cuando se está hablando de un mercado prácticamente virtual. La escasa oferta existente lo es todavía más debido a todos los problemas logísticos que resultan de las lluvias e inundaciones.
La misma situación ocurre en el caso de la reposición, con ganados que valen y mucho, con criadores pidiendo precios para vender que, en muchos casos, no se ven en los remates por pantalla, con todas las condiciones comerciales y de financiación.
Por el novillo gordo se consiguen precios en el eje de los US$ 4,05 por kilo carcasa. Las vacas alcanzan US$ 3,85 mientras que las vaquillonas se ubican en US$ 3,95. En el caso de buena terminación, buen peso y distancias más cortas estos valores pueden mejorar sensiblemente.
Ovinos
Si en los vacunos la oferta escasa se ve agravada por la situación climática, en el caso de los ovinos es todavía peor, ya que es muy poco lo que los compradores consiguen cerrar. El cordero pesado se paga a US$ 3,65 por kilo carcasa. El capón mantiene los US$ 3,35 mientras que la oveja cotiza a US$ 3,25.