Miércoles 21 de agosto, 2019
  • 8 am

Cuidar y proteger nuestra naturaleza

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

72 opiniones

Siempre que voy a comenzar los escritos, viene a mi mente lo que leo en el programa Entre mate y mate; los días lunes. Coincide que este lunes, el escrito, que no son de mi autoría, decía: “ Dios perdona siempre; el ser humano perdona a veces y la naturaleza nunca.” ¡Como nos cuesta aceptar ser culpables de la furia conque nos castiga la madre naturaleza!

Tengo la impresión de que no aceptar eso, es simplemente, que no miramos más allá de la punta de nuestra nariz. En pequeñas cosas, que son las que menos cuidamos, tenemos la demostración, de nuestra pequeñez. Se nos piden, se nos reitera, y seguimos haciendo las cosas mal, y hasta llegamos a sentir, internamente, como una alegría por la picardía hecha. Les voy a poner un ejemplo muy común y hasta casi diario: cuanta gente saca la basura fuera del horario en que pasa el basurero. Se podría nombrar otros ejemplos, pero creo que ese vasta, porque, entre los hurgadores, los animales, se encargan de desparramar el contenido de la bolsa que se sacó. No solamente que se contamina (rotura de la bolsa) sino que se ensucia, y muchas veces lo que está tirado; si llueve; lo lleva el agua con destino a los ríos.

Les aclaro que todos somos culpables, vasta con ver autos, camiones, ómnibus, el vehículo que usted quiera, que como dirían los niños “van fumando” o “ese si que contamina” van dejando atrás suyo, un humo negro, que llega a ser insoportable. ¿Quién fiscaliza eso? Nadie.

Siempre me llamó la atención, en el triangulo que existe muy cerca de la cancha del Club Almagro, pegado al Parque Harriague, la mugre que tiene el arroyo que pasa detrás de esa cancha y donde comienza el barrio Ceibal (cerca también de la cancha de dicho Club) y esa mugre la tiramos nosotros, los humanos. Sea visto máquinas limpiando el cauce de dicho arroyo, pero dura muy poco la limpieza, ya que antes del mes, se comienza a ver basura tirada, en dicho cauce.

Siempre cabe la excepción, pero una vez leí en un libro, en que decía que el hombre era sucio, relajado y desprolijo; y la verdad que no me hizo gracia la frase; hoy día tengo que reconocer que es cierto, y que somos así.

Otra vez, vi, en un campo una bolsa, que me llamo la atención, me bajé y al ir acercándome a ella, distinguí, que estaba llena de botellas de vidrio. Ni abría la bolsa para darme cuenta que eran de origen brasilero. ¿Quién es culpable, si mañana se prende fuego un campo, por el vidrio y el sol? No le pongan dudas, el primero es uno, el segundo los muchachos que trabajan en dicho establecimiento.

Si la culpa es mía, lo primero que hacemos es buscar un culpable, alguien que se le pueda pasar la culpa; si no existe, buscamos a una persona que sabemos que no se puede defender; puede ser que por último, si no queda más remedio, de aceptar nuestro error. Creo que todos somos iguales y si observamos los pájaros, animales, plantas; vemos que están entrando o aparecen seres que no son típicos de esta zona; lo tomamos como que el cambio que está sufriendo, la naturaleza, los ha hecho emigrar para nuestra zona. En su gran mayoría se ve la mano del ser humano muy cerca de estas variaciones. La presencia de gente, que son oriundas de Brasil o de Argentina, que han comprado o que toman trabajos acá, tiene también su influencia en la presencia o variaciones de especies.

Lo que si es muy real es que tenemos que aprender a cuidar y proteger a la naturaleza.