Miércoles 3 de junio, 2020
  • 8 am

La mejor confitería del país (I)

Néstor Albisu
Por

Néstor Albisu

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Allá por el año 70, (¡cuantos años!), me encontré en Termas con un compañero que habiéndose ido a inicios de los 50 a Montevideo no había regresado más.
Exclamó al reconocerme: ”¿Qué le han hecho a mi Salto?, ¡Donde están sus confiterías? Cuando me fui decía orgullosamente a todos que Salto tenía 4 hermosas confiterías y sobre todo una de lujo, con frente de cristal y mármol, mesas de ónix y metal. Sin duda la mejor Confitería del Uruguay”.
Y me hizo pensar que en pocos años, cerraron aquellas confiterías de las que no solo mi amigo, sino todos los salteños, sentíamos orgullo. Primero cerró la Paris; luego la 18 de Julio; más tarde la Ideal; finalmente la Oriental.
Sobre esta última que calificabamos como la mejor, vamos a dedicar este Divague.
Tenía señoría, lujo y tanta diversidad de servicios que la hacían única. No crean que nuestro cariño por lo salteño exagera nuestro recuerdo, es que realmente cuando desapareció, no había similar en todo el territorio nacional. Y hoy, pretendiendo hacerle una gambeta al tiempo, trataré de revivirte aquellos momentos en que fui testigo de los momentos de gloria de la añorada Gran Confitería.
La conocí a mediando década del 40. Un fin de semana pasé en casa de mis abuelos. Venirse de calle Vilardebó a Uruguay era entonces llegar del campo a la ciudad. Y me deslumbraron las luces del centro. Sábado a la noche y me llevaron con mis 4 a 5 años a “remontar” calle Uruguay. De repente la ví y te juro que fue “amor a primera vista”. Allí estaba frente a mí, toda luz, brillante, esplendorosa.
El “todo”Salto en sus veredas y adentro. Si, la Oriental, luciendo sus mesas de onix y metal frente de mármol y cristal, brillando por su material y por sus clientes. Para nosotros prototipos de elegancia. Muchas damas saboreando su té (despues me enteré que de té eran las tazas pero su contenido: ginebra o vermut) ¡Dios libre y guarde!, que nadie viera a una dama bebiendo alcohol en público.
Tampoco fumaban (lo hacían en los baños) Recordemos que las pupilas de los quilombos se las definía irónicamente, como “las mujeres que fuman”. Si la gala de las damas era importante que no decir de los caballeros. Traje muy ajustado, corbata y sombrero. Los más pequeños de marineritos con gorrita incluída (amorosos). Pensarás: ¡que ridículos! Guardá una foto de ahora y dentro de 50 años mostrásela a tus nietos y verás.
En las mesas del frente, ocupado por los jóvenes interesados por las niñas que pasaban. Sábado y domingo por la noche, la bajadita por Uruguay y pasar por la Oriental, era obligatorio para las niñas en edad de merecer (como antes se decía).
Más adentro las mesas ocupadas por mayores, políticos en general. Recordemos que esta confitería era ya de los hnos. Barbieri (adquirida a la firma Martinez), y era un baluarte político donde se cortaba el “bacalao” local.
No faltaban las mesas de los intelectuales que se repartían con el Sorocabana. Más adentro, mesas de juego. Desde dominó, damas, generala; al fondo, mesas de billar. En trasnoche, siete y ½, monte, donde se apostaba fuerte. En el entrepiso, Restaurante.
Y así la Oriental nos acompañó desde la niñez. Cuando veníamos de la capital, época de estudiante, era una visita obligada. De la niñez recordamos, cuando mi madre venía al centro con mi hermana esperabamos que llegara con palmitas de la Oriental. El Sr.Améndola (el mejor repostero de la historia salteña), hacía esquisiteses que dieron fama a la confitería.
En la adolescencia cuando salíamos de preparatorios nos veníamos a jugar truco y estar sobre el mediodía. Allí salían las famosas media-lunas a la manteca(¡¡!!)
Empezaba la época de los Soto y Menoni, otra época brillante de la Oriental. Si querés recordar conmigo su mayor esplendor y lamentable desaparición, el próximo jueves te esperamos en CAMBIO con un Divague, de los que supongo, ya sos adicto.