Martes 4 de agosto, 2020
  • 8 am

Cuando la buena fe no existe

Fulvio Gutiérrez
Por

Fulvio Gutiérrez

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Como señalábamos en una columna anterior referida a las consecuencias penales del denominado “Caso PLUNA”, el Tribunal de Apelaciones en lo Penal de 1er. Turno confirmó la condena del ex Presidente del Banco República Fernando Calloia, y revocó la absolución del ex Ministro de Economía Fernando Lorenzo, como lo solicitara la Fiscalía del Crimen Organizado, condenando a ambos por el delito de “abuso de funciones” por su participación en el caso de la ex Pluna. Concretamente, la condena fue a sufrir la pena de veinte (20) meses de prisión, inhabilitación especial por el término de dos (2) años y multa de mil (1.000) unidades reajustables”. El motivo de ambos procesamientos, estuvo centrado en el otorgamiento de un aval bancario por U$S13.000.000 a una empresa española “fantasma” llamada Cosmo, para que pudiera participar en el remate de los aviones de de la ex Pluna.

La decisión judicial fue un “sapo” duro de tragar por el Frente Amplio, porque había que ser muy “guapo” para continuar apoyando a ambos ex funcionarios de jerarquía del gobierno de Mujica, luego de semejante condena.

Pero como en política hay quienes entienden que vale cualquier cosa, aparecieron las declaraciones del Presidente Tabaré Vázquez y del Senador José Mujica, a quienes no se les ocurrió mejor idea que defender a ambos condenados diciendo que habían actuado de buena fe. El Presidente dijo, “Tengo plena confianza tanto en Calloia como en Lorenzo, y sé que han actuado de muy buena fe”; y por su parte Mujica dijo: “Si se equivocaron o no en los procedimientos es una cosa, pero que actuaron con buena fe no tengo ninguna duda”.

Tales afirmaciones demuestra ignorancia en cuanto al concepto de buena fe, o –precisamente- mala fe de quienes las han expresado. Sobre todo porque la incidencia jurídica que puede tener la buena fe, no tiene el mismo valor para todas las ramas del Derecho.

La buena fe  es un principio general del derecho consistente en el estado mental de honradez, de convicción en cuanto a la verdad o exactitud de un asunto, hecho u opinión, título de propiedad, o la rectitud de una conducta. Exige una conducta recta u honesta en relación con las partes interesadas en un acto, contrato o proceso. Además de poner al bien público sobre el privado dando a entender que se beneficiará las causas públicas sobre la de los gobernadores o sectores privados. Es decir, este principio busca impedir las actuaciones abusivas de los protagonistas de los hechos en cuestión.

En consecuencia, la buena fe se asimila al concepto de probidad como condición de bondad, rectitud o trasparencia en el proceder de los empleados públicos, para contraponerlo al término “corrupción”.

La buena fe, entonces, no tiene lugar en el Derecho Penal, y menos al tratarse del delito de abuso de funciones. Aquí existe dolo, esto es, intención de cometer la acción delictiva, y por tanto, perfecto conocimiento de la conducta realizada y conciencia de su ilicitud y sus consecuencias. Nadie puede decir que Calloia y Lorenzo, no eran concientes de las atribuciones que tenían y de cuáles eran sus límites.

Por tanto, decir que actuaron de buena fe, es un disparate mayúsculo.