Miércoles 3 de junio, 2020
  • 8 am

Esplendor y final de la recordada Confitería Oriental (II)

Néstor Albisu
Por

Néstor Albisu

319 opiniones

Contaba la semana pasada como había conocido la Oriental allá por el 43 y porque la consideramos la mejor Confitería del Uruguay. Te relaté como nos acompañó en la niñez y adolescencia. Y quedamos en contarte que pasó cuando se hicieron cargo de ella los 3 Hnos. Soto y Orlando Menoni.
Reabre su comedor en el entrepiso, comenzaron el servicio de fiestas que Orlando le dio su inimitable impronta y la convirtió en famosa en todo el Uruguay y países cercanos. Fiestas de “alto glamour” en la naciente Punta del Este. Y en el sur de Brasil, con encargos especiales de Presidentes del gigante del norte. ¡Y atención! Bailes los domingos a las 20 horas.
Durante años fueron cita obligada de la juventud salteña. Atracciones internacionales como los famosos Yacaré Paguá (Brasil), Jazz Casino (R.A.). Hacían bailar a todos…hasta a mí que ya es mucho decir. Y las locales Los Ases (Calvo, Cano, Granado y Toledo) y La Tropical de Juan C. Morgan (entre otros los hermanos Peruchena y el Tilo Irrazábal).
En Carnaval el juego de agua con duelos entre confiterías y cafés. Infaltable las de Cosechera contra Sorocabana. O ambos contra la Oriental.
Rescato dos episodios. Para mojar automovilistas que cerraban sus ventanillas, se ubicaban sorpresivas vallas, se les abría la puerta y enseguida el baldazo de agua. A Pin 9 (más nariz que Pinocho) le tocó en suerte (¿?), que el auto que paró era de una Jueza penal famosa por su severidad. Toda mojada ejerció su autoridad y el recordado amigo Less terminó su broma en la Primera.
En otra oportunidad pasaba por la vereda de enfrente el intendente Paiva con su elegante sombrero. El sombrero voló impactado por una bombita de agua. Horrorizados ya disparábamos cuando sorprendidos vimos al Intendente recoger el sombrero, sonriendo se lo colocó y culminando nos dedicó simpática reverencia. Terminamos aplaudiendolo. Otros tiempos…otra gente.
Al irme a estudiar, los recuerdos quedan recortados. Ciertas noches habiendo cerrado el Sorocabana, llegabamos al fondo de la Oriental a vichar la timba. Mirábamos aquello que cuando adolecentes se nos prohibía. Allí escuchábamos historias,que no importan si eran o no ciertas.
Por ejemplo de un popular diariero (¿te acordás de Pirapó?), convertido en millonario por una carta y en la siguiente carta seguía vendiendo diarios.
Se contaba de duelos con culminaciones sangrientas. Las causas: un naipe o una dama (o ambas a la vez).
Otra fue cuando ante una denuncia se empieza un allanamiento y alguien muy oportuno, hace sonar por el sistema de la Confitería el Himno Nacional. Los agentes quedaron duros haciendo la venia y los jugadores aprovecharon a escapar por el fondo.
Historias o leyendas; alegres o trágicas, ciertas o no; ¿importaba acaso?
La Oriental las originó y las cobijó. Muchas generaciones disfrutaron su insustituible estilo, señorial ambiente, su democrática mezcla de cafishos reos y fino glamour. Muchos de los que leen habrán disfrutado más con más detalles de los que me tocó vivir en esa añorada Confitería.
Sus consesionarios con problemas de salud fueron perdiendo interés y al no haber otros interesados, un día vimos con tristeza convertirse aquel baluarte de la noche salteña,en negocios de distinto estilo.
Me gustaría hoy…ahora mismo, con mi familia y mis amigos, reunirnos una vez más ante sus mesas de ónix (¿donde estarán?)
Frente a sus vidrieras de cristal y mármol ver aquel entorno que nos deslumbró cuando niños. Pero…ya no están las mesas ni las luces; tampoco la mayoría de los que nos acompañaban entonces; falta el aroma de aquellas recordadas facturas a la manteca, mezclado con el denso humo de los nerviosos timberos.
Solo queda … ¿Sabés?… solo queda la dulce nostalgia de quien a los 5 años de edad, se enamoró a primera vista… ¡¡Sí!!…a primera vista, de la mejor Confitería del Uruguay.