Martes 19 de noviembre, 2019
  • 8 am

¿Todo perdido para Macri?

Andrés Merino
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Andrés Merino

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Por Andrés Merino
En 1968 el Uruguay era un incendio: la agitación política se vivía en todos los ámbitos, tanto fuesen estudiantiles, laborales, religiosos, etc.; las manifestaciones violentas de la mano de agitadores profesionales se sucedían prácticamente a diario. El accionar de la guerrilla tupamara y sus asociados estaba en plena efervescencia, con asaltos, secuestros y asesinatos que desbordaban a una Policía no preparada para hacer frente a la novedad. La especulación financiera campeaba y una galopante inflación de un 136 % anual nos ponía a la cabeza del récord mundial en la especialidad. Los comercios remarcaban día a día sus productos y el sueldo de la población de ingresos más o menos fijos se licuaba en días. En ese ambiente de hostilidad generalizada, el Presidente Pacheco, desde la soledad de su cargo, adoptó una serie de medidas de shock que sorprendieron al país y al mundo.
Entre esas resoluciones, Pacheco congeló precios y salarios enfrentando, con una determinación pocas veces vista, las presiones que recibió desde múltiples sectores afectados para bien y para mal. La mayoría de los economistas desaconsejaba tal medida de congelación, pero otros ayudaron al futuro líder colorado a diseñarla y mantenerla contra viento y marea hasta que las aguas de la inflación se calmaron y descendieron.
Lo cierto es que la medida, reitero, si bien discutida por la Academia, terminó aliviando el bolsillo de los sectores medio y popular de la población, y permitió a las familias empezar a ordenar su economía familiar. La “Prueba del Nueve” la tuvo el gobierno cuando en la elecciones de 1971 Pacheco recibió un abrumador respaldo en las urnas. Si bien su intento de reelegirse fracasó por algo más de 200.000 votos que faltaron, su sector político y su partido ganaron los comicios.
Cómo dato interesante, cabe recordar que el Dr. Jorge Batlle, aliado e integrante del gobierno de Pacheco, no apoyó, por convicciones políticas que mantuvo toda su vida, el proyecto de reforma constitucional que hubiera habilitado un nuevo período de gobierno al Presidente. Batlle obtuvo una votación numéricamente similar al faltante que tuvo el proyecto de reforma, pues en los hechos la lista 15 no ensobró la papeleta correspondiente.
Hoy, a más de cincuenta años de aquellos turbulentos acontecimientos, nuestra vecina República Argentina vive un tiempo de zozobra social, financiera y política. En las elecciones internas, conocidas como Paso de anteayer, que los argentinos parecería que confunden con las Elecciones Nacionales, el gobierno del Presidente Macri sufrió un duro revés a manos del Kirchnerismo que se presenta como aparentemente irremontable. Los electores emitieron un claro voto castigo a Macri y a su gobierno, cansados de la estrechez económica, incertidumbre y vacilaciones fatales de los últimos dos o tres años. Tan es así que premiaron sin sonrojarse mucho a quienes han sido sospechados e investigados por la Justicia y los hechos como los integrantes de la asociación para delinquir (robo) más vasta de la Historia Argentina. Algunos ya procesados, otros condenados y presos y otros aún en libertad amparados en fueros parlamentarios como lo es la ex Presidenta Cristina Kirchner, gran triunfadora de la hora.
Más allá de las razones del resultado, es bastante claro que los mercados reaccionarán de pésima manera, recordando sin dudas el pozo dejado por el anterior gobierno K digno de haber padecido el Síndrome de la China (especulación teórica de que un reactor nuclear que se fundiese haría un pozo en la tierra de tal profundidad que se conectaría con la China luego de atravesar el grosor del globo terráqueo), el dólar sin muchas dudas se disparará y se avecinan en tropel días aciagos para lo que resta del gobierno de Cambiemos. Tan aciagos serán que no sería raro asistir a una escalada que pretenda empujar al Presidente argentino a dejar prematuramente el gobierno, como ya ha sucedido en la Historia reciente en dos oportunidades (Alfonsín, De La Rúa).
Veremos qué sucede en próximos días, pero palpito que nada bueno aguarda a la vuelta de la esquina a nuestros hermanos argentinos.
Macri, jugado por jugado, debería estudiar con atención el accionar de Pacheco hace cinco décadas, quizá no con la misma receta, pero sí con la misma determinación de acero que tienen los grandes líderes en momentos clave.
Va a necesitar tomar medidas fuertes sin dudas, si no quiere tomarse el helicóptero. Y si las toma, quizá tenga una oportunidad de competir con suceso en octubre.