Jueves 21 de noviembre, 2019
  • 8 am

El voto del centro

Fulvio Gutiérrez
Por

Fulvio Gutiérrez

122 opiniones

Por el
Dr. Fulvio Gutiérrez
No son pocas las veces que hemos conocido opiniones que terminan con una conclusión que se resume en esta frase: para ganar una elección hay que conseguir los votos del centro. Dicho en buen romance: si no se consiguen votos del “centro”, casi seguramente se perderá la elección. Y la experiencia indica que esto no es una simple frase.
Como se dice en la política europea, los ciudadanos del “centro”, son aquellos cuya posición política no está ni a la derecha ni a la izquierda, sino en una situación intermedia, que a veces se inclina hacia un lado y a veces hacia otro, y que en general, y en forma genérica, en Europa se la denomina socialdemocracia.
Para nosotros son, en algún caso ciudadanos que votan por primera vez, o que les importa poco la política pero tienen necesariamente que votar, o que desencantados con el partido que votaron antes, buscan otro que satisfaga sus esperanzas o aspiraciones. No tienen una clara definición política, pero siempre están en “el medio”. No obstante, pueden hacer ganar una elección. Son los votantes que no tienen ese sentido de pertenencia ni permanencia a un determinado partido político. Van y vienen de uno a otro en cada elección.
En este año electoral, no son pocos los operadores políticos que están tomando actitudes que tienen como objetivo principal, ganarse el voto de los ciudadanos del “centro”. Porque comprendieron que en eso está su eventual triunfo.
Está claro que las elecciones se ganan con votos, y en este caso, lo que importa entonces es el aspecto cuantitativo, porque el voto de un ciudadano del partido, vale tanto como el voto de un ciudadano del “centro” que en esta oportunidad se suma al partido. Para un partido conquistar los votos del “centro”, no es fácil. Para hacerlo, el partido y sus candidatos deben “acomodar el cuerpo” en beneficio de sí mismo y de su partido. Seguramente el “asesor de imagen” pasa a cumplir un rol importante en la “apariencia” del candidato, indicando las actitudes que deberá tomar en su relacionamiento con los eventuales votantes. Y esto no es una exageración. Es que los ciudadanos del centro se fijan mucho más en el candidato que en el partido.
Los politólogos y las encuestadoras (cada cual en su ámbito), han comentado este fenómeno de traspaso inter-partidario de ciudadanos.
Por ejemplo, luego de las elecciones internas, y con la relatividad que tiene tal circunstancia, se dice que Cabildo Abierto recibió votos colorados; de que Talvi recibió votos de frentistas moderados y desilusionados; de que el Partido de la Gente ha perdido apoyo del centro y sus eventuales votantes se están inclinando por otro partidos “de derecha”; o el Frente Amplio, que hizo un acuerdo electoral con el Movimiento UNIR de Fernando Amado, de origen colorado, para sumar votos no frentistas que se sumen a su electorado natural. Es que el Frente Amplio no tiene más remedio. Primero porque es el partido que está en el gobierno, y eso lo hace bastante vulnerable a los cuestionamientos políticos; segundo, porque luego de las internas, quedó claro que los sectores radicales mandan, y ese solo hecho hace difícil que un ciudadano del centro lo vote. Por eso, ante el discurso confrontativo y sesentista de la candidata a la Vicepresidencia Graciela Villar, la Senadora Lucía Topolansky, expresó su disgusto, diciendo que “no es un discurso que haya sido para nada contemplador de lo que se busca, que es captar al centro”.
Entonces no hay duda que el voto del centro vale y mucho. Porque está claro que gane quien gane las elecciones de octubre, no va a ser por una mayoría absoluta, y en el balotaje a celebrarse el 24 de noviembre, los radicales serán un contrapeso en una ciudadanía donde predomina el voto del centro.
El período de “pases” aún no terminó. En los casi tres meses que restan a la fecha de las elecciones, va a correr mucha agua bajo el puente. Y seguramente las sorpresas estarán a la orden del día. Esperemos.