Martes 19 de noviembre, 2019
  • 8 am

Un ministerio de medio ambiente jerarquiza las políticas ambientales

Pablo Mieres
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Pablo Mieres

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Pablo Mieres
Nadie puede discutir que la dimensión ambiental es cada vez más relevante en la definición de las orientaciones y políticas públicas. Toda la información disponible y los avances científicos y tecnológicos convergen en la certeza de que es cada vez más urgente tomar decisiones políticas que reviertan los efectos nocivos para el ambiente.
Se han hecho cosas en nuestro país en este sentido, sin embargo, la afectación ambiental está presente en diversos ámbitos de nuestra sociedad. En los últimos tiempos se han aprobado normas sobre el uso de las bolsas plásticas y también sobre los envases no retornables o reciclables.
De todos modos, nadie duda de que en lo que hace a la preservación ambiental, la humanidad y el sistema político mundial la vienen corriendo de atrás.
Las afectaciones de los suelos, los cursos de agua, los océanos y la calidad del aire son algunos de los graves problemas que nos afectan. La necesidad de cambiar los sistemas productivos y energéticos hacia fuentes amigables con el ambiente se hace cada vez más presente y urgente en nuestras vidas cotidianas.
Nada garantiza que el desequilibrio ambiental en que vivimos no termine generando una catástrofe de dimensiones planetarias. De hecho, se está produciendo un proceso aparentemente muy agudo de “calentamiento global” cuyas consecuencias ya están presentes en la vida cotidiana de nuestras sociedades modernas y la reversión de este proceso no resulta ni fácil, ni cómoda para quienes toman las decisiones en la comunidad internacional.
Nuestro país no es ajeno a los procesos planetarios como la reducción de la capa de ozono o el proceso de calentamiento global y contribuye en su medida con el deterioro ambiental mediante el consumo de bienes y productos no degradables.
A su vez, tenemos nuestros propios problemas vinculados a la necesidad, cada vez más urgente e imperiosa, de que los avances tecnológicos que favorecen una mejora de productividad e innovación en nuestro aparato productivo sean simultáneamente respetuosos de los criterios fundamentales de sostenibilidad ambiental, buscando soluciones concretas que no deterioren el medio ambiente.
Las nuevas inversiones y el crecimiento del sector agropecuario indican que la instancia estatal de definición de políticas y regulación de las prácticas deben tener la máxima jerarquía.
Nadie duda de que los tiempos próximos tendrán la temática ambiental en el centro de la agenda de las políticas públicas.
Razón de más para introducir modificaciones institucionales que sean señales efectivas de la jerarquía que esta temática tiene en la consideración del gobierno.
Por eso ya desde 2014, nuestro partido ha propuesto la creación de un Ministerio de Medio Ambiente, propuesta que reiteramos en nuestro actual programa de gobierno.
El rango ministerial de una materia es un mensaje político sobre la jerarquía o importancia que ese asunto posee en la gestión gubernamental.
En la actualidad, la institucionalidad ambiental aparece dispersa y con una jerarquía política de segundo nivel.
En efecto, la DINAMA es una Dirección ministerial dentro de un Ministerio que abarca tres grandes temas. Es una Dirección que comparte la referencia ministerial con otras dos materias también muy relevantes como son la vivienda y el ordenamiento territorial.
Pero, además, en este período de gobierno, a través de la Ley de Presupuesto, se creó la Secretaría de Cambio Climático, en este caso bajo la Presidencia de la República y, por lo tanto, fuera del control parlamentario. Entonces, la problemática ambiental se distribuye de manera poco entendible entre dos reparticiones que, además de estar en diferentes ámbitos de decisión, carecen de la jerarquía que requiere esta temática.
Ya han salido voces a cuestionar que se proponga crear un nuevo Ministerio asociando, equivocadamente, esta iniciativa a un nuevo incremento del gasto público.
Esta crítica no es correcta. En primer lugar, porque la propuesta institucional que hacemos no implica crear nuevos cargos, ni oficinas, ni estructuras burocráticas. Se trata simplemente de convertir a la DINAMA actual, con sus funcionarios y recursos materiales, en un nuevo Ministerio al que se agregaría, trasladando sus actuales funcionarios y recursos, la actual Secretaría de Cambio Climático.
De este modo, el nuevo Ministerio sólo implicará la creación de los cargos de Ministro y Subsecretario, todo lo demás ya existe en la actualidad, por lo que no se trata de un incremento de gasto, ni de burocracia. Más bien, al contrario, se producirá una sinergia institucional muy valiosa, lo que reducirá la burocracia.
Otras críticas se centran en defender, en lugar de la creación de un Ministerio, en la importancia de las instancias de coordinación multisectoriales mediante acciones transversales. Tenemos una razonable desconfianza sobre esta respuesta porque, muchas veces, los llamados espacios de coordinación transversales, sí son instancias burocráticas, o se convierten en espacios vacíos que nunca terminan de resolver nada.
Pero, además, si realmente queremos que la problemática ambiental adquiera la relevancia institucional que merece y la importancia práctica que los tiempos indican cada vez con mayor fuerza; en la mesa del Gabinete Ministerial en donde se discuten las estrategias y políticas públicas, la voz que representa a los intereses ambientales debe tener mayor volumen y significación que la actual, en donde el asiento en el Gabinete es compartido con otras dos materias muy diferentes. Es por ello que la creación de un Ministerio de Medio Ambiente es necesaria.