Miércoles 18 de septiembre, 2019
  • 8 am

Que no se note…que duele

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*
Cuando después de muchos años de relación de pareja, una de las partes deja de amar al otro, puede ir hablándolo, expresando sus sentimientos, manifestando la disminución del interés, así como la pérdida del amor.
Esto es ir dando señales de que algo no anda bien.
Pero generalmente “no se habla”, porque a veces, las personas no se dan cuenta de que no están bien en su pareja, hasta que aparece un “otro”, que empuja a la crisis, o que desencadena un conflicto.
La crisis, puede ser una oportunidad para un cambio que hará crecer la pareja.
Pueden decidir “entre dos” la continuación juntos con herramientas nuevas, o no.
Toda crisis es dolorosa, pero la cuota aparte es que se conversa, se arriban a acuerdos. Hay posibilidades de transitar e ir procesando “lo que pasa”.
En el conflicto hay más confrontación y la imposibilidad de hacer acuerdos, ya sea por una comunicación obstruida. O no se escuchan o uno está cerrado y ni siquiera habilita el diálogo.
Si la relación de pareja se termina, porque uno no quiere más nada con el otro, el impacto es fuerte. Más cuando no se esperaba el final.
El sentimiento de abandono es muy fuerte. El empobrecimiento de los afectos, o la ausencia de amor,exige al psiquismo, muchos más cuestionamientos, dudas, diferentes sentimientos, a veces contradictorios, frustración, impotencia, tristeza, rabia, dolor, esperanza, decepción, etc.
El olvido es difícil, porque lo que más aparece es el recuerdo.
Y los recuerdos, están presentes en las redes de memoria que se potencian por diferentes vías, ya sea con imágenes imborrables, sensaciones corporales, y todo tipo de estímulo sensorial, que implica el tránsito del proceso de duelo.
A veces, los recuerdos son bloqueados temporalmente y surgen más adelante, cuando ya parece imposible relacionarlo con aquella pérdida.
Al bloquearlos, podemos seguir adelante “como si nada”, pero tiempo después, nos pasa factura. Y lo hace con una angustia que nos resulta inexplicable, porque ya pasó mucho tiempo de “aquel momento duro”. Pero, por alguna razón, se activó una sensación corporal, una imagen, un recuerdo.
Si escaneamos en nuestro mundo interno, y localizamos el suceso perturbador, no avanzaremos hacia situaciones de mayor estrés.
Estrés que termina en un deterioro del aparato anímico, con disminución del sistema inmunológico, baja de defensas y enfermedades.
Permitirnos acceder a este escaneo afectivo, a los recuerdos encubiertos, nos habilita al alivio progresivo.
Cuando tenemos un dolor del alma, por una pérdida afectiva, se produce un redireccionamiento de los intereses, se desdibuja el deseo, queda ensombrecido por un tiempo, y se siente como que el futuro no existe.
Cuando se transita una pérdida, la tendencia de la gente alrededor es sugerir, incentivar a divertirse, como forma de recuperarse. Pero esta recuperación es momentánea. La verdadera transición se va dando en el tiempo, y es lenta, y singular. Cada uno la transita a su tiempo.
.La tristeza o “bajones”, no son vistos de la misma forma en varones y mujeres. De los varones se espera sean “fuertes”, lo que equivaldría a “insensibles”. Estos son prejuicios, que aún muchos varones arrastran. Creencias trasmitidas que lo único que refuerzan es la búsqueda de refugios transitorios, para aplacar la depresión momentáneamente.
El final de una relación de pareja por decisión unilateral, después de haber compartido muchos años juntos, es un proceso que también deberá transitar quien decide irse.
Todos de un lado u otro transitan y manifiestan sus emociones. Antes o después.
Las pérdidas solo requieren de tiempo, y en cada uno es diferente, individual. Acá no se trata de ser o mostrarse fuerte, eso es superficial. Podrá cada uno ocultar en una coraza su dolor, recurrir a aditivos para sentirse momentáneamente mejor, pero la realidad es que para salir, hay que transitar, sin obviar, eso hace a la calidad de vida.
Lo que se tapa hoy, nos guste o no, surgirá en algún momento…
Los duelos nos afectan a todos en algún momento de la vida. Y hay muchos tipos de duelo.
Darnos permiso para “sentirnos” como podamos, sin caer en hacer “como si nada”, es natural y humano. . .
*Especialista en Psicoanálisis Vincular