Viernes 22 de noviembre, 2019
  • 8 am

El sabio camino de la humildad

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce de León
Cuando a uno le “toca” la mala, nos golpea la vida, dentro de sus más diversas formas, ya sea en un quiebre económico, en la partida de un ser querido, con una enfermedad; se necesita un temple especial para primero aceptar, luego para tratar de ver, con ojo sereno y tranquilo, cuales son los caminos que se nos presenta, frente a la nueva realidad. También se debe de buscar el apoyo de las personas que me rodean, pero aclarando que el pensamiento, la idea, la fuerza, tiene que ser en forma positiva.
El que está sufriendo, sabe donde se cometió el error, que es lo que se hizo y que es lo que tendría que haber hecho, donde se produjo la fuga; a modo de ejemplo: si hubiese invertido donde estaba la seguridad, ganaba menos, pero no corría un riesgo tan grande y peligroso, que al final me costó lo que tenía.
De nada sirve mirar para atrás, el pasado ya fue y hay que vivir el presente, tengo que mirar a mi entorno, y tengo que luchar para salir adelante, por él y por mi mismo. Lo que importa es el hoy y el hoy es el presente. Presente que es igual a un regalo; no en vano se llama presente, porque estoy en ese regalo; y se tiene que vivir como lo que es, ya que el mañana es una esperanza.
El reconocer mi error, me lleva por mejor camino que puede transitar el ser humano: por la HUMILDAD. Por este camino voy a tener que reconocer mi pequeñez y que tengo que pedir ayuda a alguien que está por encima de uno, sin dejar de reconocer que el que está a mi lado y me apuntala, en estos momentos, es una persona que me quiere, que busca lo mejor, porque sufre a mi lado y quiere verme de la mejor forma posible.
¿Quién está por encima de uno? Nada menos y nadie más que Dios. Es natural sentir rebeldía por lo que sucede, de buscar la culpa en otro lado; pero Él me conoce como nadie, sabe hasta donde llega mi fuerza, pero frente a nuestra humildad, y si le agregamos una cuota de aceptación; su cariño, su misericordia, se van a hacer presente.
Lo que si sé, y se que soy reiterativo, es que si, somos de afuera y no nos llama, no conviene ni asomarnos, ya que podemos no ser bien recibidos, por el enfermo. El tiene la impresión que lo vamos a observar, y no ha ayudar. La reacción más natural es el rechazo y el silencio.
¡Que lindo es ver a una familia entera compenetrada! Una de las bases para lograrlo, es comentar el problema, ver el error o porque se llego a eso, y lograr que todos piensen en una solución para superar el inconveniente que les a tocado vivir. No es fácil, más en esos momentos, tener la humildad de no oponerme o enojarme por lo que me dicen.
Sin rascar mucho, que nos digan de afuera algo, no nos agrada, tiene que ser una persona muy afín a uno.
Así como les escribo esto, tengo que decirles, de haber tenido la suerte de conocer personas, que toman los problemas grandes, con una calma externa muy envidiable, con una serenidad muy grande; que me hacen dudar de su reacción frente a pequeños problemas.
¿Cómo reacciona uno? Tengo que darle gracias a Dios, de no haberme visto, por ahora, en ningún aprieto importante, para saber que es lo que se siente y que hace uno. Siempre digo “que del dicho al hecho, hay un gran trecho”.
Junto a las gracias, tenemos que pedirle a nuestro Padre, que le dé fuerza a todos aquellos que están pasando un momento complicado, sea cual sea el motivo, y que se acuerde de uno, si en mi camino están previsto algo, que me puede llevar al cuestionamiento, a la duda de la grandeza de Dios, dado que soy un ser humano.