Miércoles 18 de septiembre, 2019
  • 8 am

Para nuestra lectura

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre
Martín Ponce De León
Poco a poco vamos acercándonos al mes de setiembre donde habremos de celebrar el Mes de La Biblia. Sin duda La Biblia es un conjunto de libros donde encontramos muy diversos textos donde descubrimos la experiencia religiosa del pueblo de Israel.
Por lo general no solemos acercarnos mucho a ese conjunto de libros a los que conocemos como el Antiguo Testamento.
Somos más propensos a la lectura del Nuevo Testamento y, allí, nos detenemos con mayor frecuencia en los relatos evangélicos.
Los relatos evangélicos no son un conjunto de libros de historia y, mucho menos, una biografía de Jesús. Los relatos evangélicos son libros escritos para transmitir una fe y para despertar a la misma.
Con certeza se puede afirmar que los relatos evangélicos son producto de la reflexión religiosa de las primeras comunidades cristianas.
En oportunidades se tiene la oportunidad de escuchar dudas sobre la correcta lectura de los textos evangélicos.
Sostengo que los relatos evangélicos han sido escritos para ser escuchados puesto que, desde allí, Dios nos habla.
¿Qué me dice Dios desde este texto? Debería ser nuestra interrogante desde lo que leemos en los relatos evangélicos.
¿Cómo puedo saber que “lo que me dice” es correcto y no un desatino?
No se necesita ser un técnico ni un experto en la escritura para poder encontrar elementos que debemos tener presentes para validar nuestra lectura correcta.
Comparto cinco pautas (podrían ser algunas más), desordenadas, que nos pueden ayudar en nuestra lectura.
Jesús como sacramento de Dios. Jesús no vino a otra cosa que no sea a darnos a darnos a conocer a Dios. El Dios de Jesús distaba de ser el que desde la institución del Templo se imponía para la vivencia de los contemporáneos suyos. El Dios de Jesús es un alguien cercano, misericordioso y propenso a brindar nuevas oportunidades.
Si desde nuestra lectura evangélica no conocemos un algo más a Dios y nos quedamos en la persona de Jesús en algo nos estamos equivocando.
Los valores del Reino de Dios. Con sus acciones, sus palabras y sus actitudes Jesús va inculcando los valores del Reino de Dios que debemos hacer crecer en nuestro hoy. Él no vino para otra cosa que implantar el Reino de Dios entre los hombres. Las cosas de Dios no se dan al margen de las cosas de los personas sino que se desarrollan dentro de la historia misma de la humanidad. Como personas estamos llamados a realizarnos haciendo que el Reino de Dios sea entre nosotros aquí y ahora.
La persona del otro. El ser humano es un ser en relación y, por lo tanto, abierto a los demás. No vivimos para estar encerrados en una burbuja ya que estamos en constante relación con los demás. Jesús se encarga de mostrarnos cuál debe ser nuestra correcta relación donde nunca debe faltar el respeto y la autenticidad. Los relatos evangélicos nos deben ayudar a una correcta vivencia de lo que entendemos por una “buena persona”.
Los necesitados. Los relatos evangélicos nos muestran a Jesús constantemente ocupado en ir al encuentro de los más necesitados de su tiempo. Necesitados de recuperar su dignidad personal, necesitados del perdón, necesitados de incorporarse a la realidad social de su tiempo, necesitados de liberación, necesitados de esperanza y salvación. Necesitados en el más pleno sentido de la palabra.
La comunidad. Jesús no promueve una institución sino una comunidad fraterna y nuestras vivencias cristianas no pueden estar al margen de esa realidad. Necesitamos de la comunidad para nuestra realización y salvación.
Cuando leemos los relatos evangélicos y en nuestra lectura falta alguna de estas connotaciones deberíamos volver a leer el texto para saber lo que nos hemos salteado puesto que ellas siempre están. Omitirlas es hacer una lectura conforme nuestro gusto y no para acercarnos, verdaderamente, a la persona de Jesús.