Martes 19 de noviembre, 2019
  • 8 am

Los caminos de mi país

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce de León
Cuando uno tiene que viajar, ya sea en un auto, ómnibus, en lo que sea, lo tenemos que hacer por un camino. Llámese ruta o camino vecinal, pero por algunos de ellos, debemos de transitar para ir hacia donde queremos.
No deja de ser muy cierto que un camino aleja o acerca. Todo va a depender de que si vamos o venimos. Cuando nos vamos nos aleja de nuestra partida, pero a su vez nos arrima hacia donde queremos ir. Cuando volvemos, sucede lo contrario, nos arrima y nos aleja.
El camino en si, puede ser motivo de conocimiento, monotonía, ruptura o accidente. Si uno va por primera vez, es todo novedad, nos gana el paisaje, y muchas veces hay que recurrir a un mapa, ya que hasta los poblados, que vamos cruzando, queremos o nos sirven de referencia, por eso vamos conociendo. Si uno lo hace como recorrido habitual, entra la monotonía, es también una razón para el aburrimiento; y no deja de ser, ya que se conoce de memoria motivo para la “desatención” del camino. Se conocen los baches, las lomas, y tienen que entrar los “puntos” de referencias, para tener constante la atención. El no conocer o el conocer, me puede llevar a “caer” en ruptura, no sabemos y nos topamos con ellos, que están, normalmente, como se dice vulgarmente, con la boca abierta, esperando que una rueda se encuentre dentro de él. Si conocemos, tratamos de esquivarlo, cosa que me puede llevar a dejar el camino y ahí a “morder” la banquina, que si tiene piedras sueltas, puede ser motivo de accidente.
Cualquiera de ellos (conocimiento, monotonía…..) por mirar un mapa; por aflojar el cuerpo en aburrimiento; una ruptura, pueden ser motivo de accidentes en un camino. Si un clavo entra en una cubierta de medio uso a más, desinfla la rueda en forma muy rápida. Si se viaja de ventana abierta, se puede escuchar que la rueda se desinfla, sino cuando llega a la perdida total del aire, se pierde el dominio del vehículo, y vasta con tocar el freno, de golpe, para poder provocar un accidente. No es culpa del camino, pero el sueño; el no bajar las luces, un golpe en la dirección, una pinchadura, nos puede provocar un accidente; lo peor, es que podemos llegar a lastimar a otros que circulan, también por la mismo camino.
Muchas veces he pensado, que el manejar en una ruta, tiene códigos diferentes al manejar en una ciudad. Hasta he llegado a pensar si no se tendría que dar un examen distinto para todos aquellos que conducimos en las afueras de la ciudad. Las preferencias, y pasar un vehículo, las luces, las cubiertas y hasta el sistema de freno, son cosas que se tienen que saber para andar en los caminos.
He llegado a comparar al camino que uno no conoce con una portera, en los campos que se desconocen. Cuando se abre una portera, nos preguntamos ¿qué tenemos o con que nos vamos a topar?, cuando vamos a caminar por un camino nuevo, cabe hacernos la misma pregunta; ya que tenemos que estar dispuestos a sortear nuevas peripecias que nos pueden aparecer.
Mas de una vez, nos hemos encontrado animales sueltos, vehículos sin luces en condiciones, o parados sin ninguna señal de su presencia. Los animales son de responsabilidad de los dueños; los vehículos de quien conduce.
Miren que no soy ejemplo de nada, pero el andar me lleva ver los errores que cometemos y cometo en el andar por los caminos de nuestro país, a los cuales, muchas veces le echamos la culpa de nuestros errores.
Como bien sabemos que es mas fácil acusar que pedir perdón.