Martes 19 de noviembre, 2019
  • 8 am

Las marcas de la vida

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce de León
Miraba la camioneta y le encontré un rayón nuevo entre tantos que tiene. Me puse a pensar quien podría haberlo hecho y llegue a la conclusión que cualquiera podría haberlo hecho. Enseguida vino a mi memoria, los rayones que tengo en mi cuerpo, que son signos de algún accidente y quede pensando ¿cuántos rayones tengo que no se ven?
No hablo de enfermedades, sino de cosas mal hechas, errores cometidos, que en la mayoría de las veces uno, únicamente, los conoce.
Cuantas veces aparentamos algo que es ficticio, que están muy alejados de la realidad, y que solamente yo mismo, me la quiero creer que es verdad. Cuantos sueños hacemos reales y cuando “nos despertamos” nos damos cuenta que seguíamos soñando. Muchas veces los sueños y la realidad, se abrazan en nuestra mente. Como siempre digo, lo primero que hacemos es buscar un culpable, y nos cuesta aceptar la realidad, que nos dice que la culpa es mía.
Por más que se diga que una mentira reiterada muchas veces pasa a ser, este axioma se puede cumplir si es algo público, pero en el caso que les hablaba arriba, es algo personal, y sin necesidad de reiterarlo, nos engañamos nosotros mismos.
De ahí que cuando uno recibe una caricia, en forma directa al corazón, nos entra la satisfacción de haber obrado sanamente y nos conformamos con la realidad. Somos dueños de lo que hacemos y esclavos de lo que inventamos; no en el sentido de creación, sino de creernos algo que no hemos hecho y queremos que se crea que lo hicimos.
Más de una vez he sentido a gente que “se suben al carro”, y tienen el “tupé” de hablar: “por que hicimos tal cosa” o “hice tal cosa” cuando lo que hizo fue figurar, estar en primera fila, si aparece una cámara o un grabador. Cuando la verdad no es así. Y me cabe la pregunta ¿tengo que dejarla pegada con la realidad o dejo que la mentira siga corriendo? Hay algo que es cierto, el que dice la verdad, pone la cabeza en la almohada y duerme, el que no dice la verdad ¿le sucede lo mismo?
Existen muchos ejemplos de estos casos, y he llegado a la conclusión, que tengo que sentir lastima de ese tipo de gente, ya que se sientan en una nube, y cuando menos lo esperan caen solos o por decantación. Que violencia hay cuando uno le quiere hacer ver como es la realidad, entonces, creo que hay que dejar que se diga lo que se diga, ya que la verdad es que el motivo de la invención, ya está realizado y que es lo que importa.
Por eso llegue a la conclusión, como dice el refrán: “que le hace una raya más al tigre”, de que no valía buscar quien causó el nuevo rayón en la camioneta, ya que el día que arregle va a “caer” entre los que yo le he provocado con anterioridad.
Hay un cambio de la forma de encarar el mismo problema, si soy yo el que lo hace, y se porque quedo la marca, ¿no puede ser que le pasó lo mismo quien hizo o dejó su marca?
Como fui quien provocó o dejo el recuerdo en la chapa del vehículo, no me enojo, si a otro le pasa algo parecido, me enojo ¿no será que existe una dualidad de criterio?
Hay está la diferencia entre un rayón y una abolladura, el rayón puede ser provocado por un simple problema o causante; el abollón duele mucho más, hasta los abollones de un vehículo se tiene que tratar de otra forma para que desaparezca. Lo mismo nos pasa a nosotros los seres humanos, el abollón nos marca y nos duele; el rayón lo curo o lo hago desaparecer (si uno quiere y puede) de la vista con una estopa y masilla especial.