Domingo 15 de diciembre, 2019
  • 8 am

Educación

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre
Martín Ponce De León
Por una razón que no hace al motivo de este artículo debí esperar para ser atendido.
Por el pasillo, donde debía esperar, suelen pasar diversos funcionarios de aquella institución.
No pude evitar llamase mi atención el hecho de que todos los que pasaban saludaban con un “Buenas tardes” a los presentes y continuasen su camino.
Solamente uno o dos se detuvieron para saludar, en particular, a alguna persona de su conocimiento. La inmensa mayoría era un saludo en general mientras continuaban su camino.
Han de pasar muchas veces, algunos pasaron en más de una oportunidad, y nunca olvidaron su saludo.
No éramos parte del decorado de aquel pasillo sino que éramos personas esperando y como tales se nos trataba.
Me resultaba imposible no comparar con otra institución, donde debo ir con frecuencia, donde recibir un “Buenos días” es algo extraordinario.
Allí, parecería, que cada uno que pasa ignora la presencia de quien se cruce junto a ellos.
En oportunidades me he cruzado en una escalera con alguno de ese lugar y he saludado recibiendo como respuesta el silencio y la ignorancia.
Me podrán decir que es una cuestión de adolescentes pero no acepto tal comentario puesto que muchos de los adultos que allí se encuentran tampoco gastan un saludo.
Llego a la conclusión de que todo es una cuestión de educación.
En el lugar mencionado en primer lugar, tal vez, hayan recibido charlas de relacionamiento con el público y en el segundo lugar eso no entra como materia a aprender ni como materia a dictar.
Tal vez uno tiene grabado a fuego aquello de nuestra madre “El saludo no se le niega a nadie”
Tal vez, por ello, es que llama tanto mi atención se pase ignorando la presencia de los demás.
Creo es un elemental principio de educación. Al menos así lo entiendo.
Saludar no cuesta nada y siempre reporta un beneficio.
Puedo tener diferencias con alguien pero las mismas nunca pueden ser como para ignorar la condición de persona del otro y no saludarle.
Puedo considerarme más que los demás pero me rebajo humanamente al negar un saludo y pierdo, con ese solo hecho, lo que me considero.
No ha de haber una actitud más lamentable que la de aquel que pasa ignorando a los que están, circunstancialmente, cerca de él.
El saludo no es un algo que debemos reservar solamente para quienes se conocen. Es un algo propio de los humanos que viven relacionándose con otros.
¿De qué sirve un bagaje de conocimientos si no se inculca lo elemental de la educación?
De poco sirven los conocimientos de diversas materias si en urbanidad somos negados o mal educados.
Uno de los “huéspedes” de la parroquia solía no gastar un “Buenos días” ni de casualidad. Todas las mañanas, al encontrarle le decía “Buenos días” acompañado de su nombre. No hace mucho me respondió el saludo y me dice: “Es la primea vez que te digo “Buenos días” se viene tormenta” desde esa vez corresponde al saludo.
No es más persona por ello, no es mejor persona por hacer tal cosa pero, sin duda, sabe que ese pequeño detalle es importante para mí y me complace realizándolo.
Ello me lleva a la convicción de que su respuesta de hoy responde a mi insistencia de tantas veces.
Todos somos educables y tenemos mucho para aprender. Yo el primero.
Necesitamos ser ayudados para aprender las más elementales normas de convivencia digna y propia de nuestra condición de personas.
Por ello es que me pregunto ¿cómo poder ayudarnos a ser mejores personas si vamos perdiendo, ante la indiferencia de muchos, lo más elemental?