Miércoles 18 de septiembre, 2019
  • 8 am

El abrazo al más desprotegido

Gerardo Ponce de León
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Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce de León
Aún mi capacidad de asombro, no ha llegado al límite, como también creo que nunca llegará, y ojala así sea, ya que el seguir conociendo, me obliga a ir pensando en la forma de superar mi sorpresa. Siempre me hace recurrir a innovar y ponerme en el lugar de la persona, que me provoca dicha situación. Lo triste de “este ubicarme” es que termino, frente a mi impotencia, dando gracias a Dios, por tener lo que tengo y ser como soy, con defectos y virtudes, como todo ser humano.
Mi amigo “el viejito” del cual les escribí, hace dos Miércoles, está desaparecido. Creo saber por donde anda, ya que su mundo, es muy reducido y es muy complicado tratar de sacarlo de ahí. Son sus amigos, y por ahora es su mundo, fumar “la pipa” y el alcohol. Me he llegado a preguntar, ¿cuál es la formula para sacarlo de ese mundo? y me doy cuenta de la carencia personal, la falta de conocimiento de ese mundo, que está a nuestro lado, que cada día crece más y es más visible, para darle una mano.
Loo conozco pero ¿quién soy y cuál es mi derecho, para “meterme” en su mundo? En los encuentros que hemos tenido, he tratado de hablarle, como si lo conociera de mucho tiempo, cosa que no es cierto, hasta he tenido, porque él me lo ha permitido, de meterme, en su mundo de forma muy superficialmente; logrando que me acepte que está caminando por un mundo sin salida; que se está dañando lentamente; que ya su organismo depende de “la pipa” y el alcohol. Hasta “usé” a la compañera que tiene, ya que él me dice que la quiere, como arma para mejorar su vida. Se endereza unas semanas, vuelve a sus juntas, sus compañeros y cae de nuevo.
Les contaba que ha vendido todo lo que tiene; hace manualidades muy lindas, pero todo lo que logra, económicamente, se les convierte en humo en su pipa.
Sería muy iluso, de mi parte, pensar en querer lograr una valoración, de parte de él, de lo que tiene: su compañera, su habilidad, su buen trato, dado que su dependencia a la droga y alcohol, está, hoy día, por arriba de todo valor humano que se pueda tener. Me he llegado a preguntar, ya que parte de culpa tengo dado que capaz que en alguna ocasión lo rechacé, le negué algo, o mejor dicho, no fui capaz de ver, respetar y amar a ese ser humano que se me acercó, que es mi prójimo. No fui capaz de ver a Cristo en ese ser humano, sucio y abandonado. Capaz que me faltó coraje de que no me importa lo que se diga, de que si mi ropa queda con olor a su olor, por temor a eso, no fui capaz de darle lo que nuestro cuerpo despide: calor.
Bastaba un simple y pequeño abrazo, que no era otra cosa que la demostración de que me importa, que puede confiar en mi, pero el que dirán, el olor, me hicieron posponer ese gesto, que no cuesta nada, y parece que nos cuesta una enormidad.
¿Cuántos hay en esa situación? ¿Qué están esperando de mi? ¿Seré capaz de pasar por arriba de mis perjuicios y temores? Si tendré que agradecer a Dios, por la capacidad de asombro, por no haber o estar, en ese mundo. Porque obliga a mi mente en pensar y ejercitarla para buscar, por más pequeña que sea, una ayudar a esos seres humanos.
Los otros días, un Ing. de Salto Grande, los llamaba por su nombre y estos iban y lo abrazaban. Me hizo sentir una sana envidia y poner los pies sobre la tierra. ¡Qué poco o casi nada, hago por esta gente!Conozco a uno y estoy contento, conozco a dos y soy feliz.