Jueves 21 de noviembre, 2019
  • 8 am

Femicidios: Bomba Social

Gisela Caram
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Gisela Caram

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Diario

Ps. Gisela Caram*
En las últimas semanas hemos transitado noticias de feminicidios en diferentes departamentos de nuestro país.
“Ella es mía o de nadie”, declaró el asesino de Adriana Fontes, en Florida. Más de 200 manifestantes en la puerta del juzgado protestaron y gritaron enardecidas. El hombre asumió que se “mandó una macana, porque dejó solos a sus padres ancianos”.
Tenían 3 hijos, uno se pregunta, ¿qué pasó?, ¿ni siquiera pensó en ellos? ¿Qué pasa por la cabeza de ese y otros tantos que quedan ciegos de furia y no miden consecuencias?
Lo mismo hace unas semanas el de Artigas, que apuñaló a su pareja.
Las marcas que van dejando éstos y otros acontecimientos que nos impactan desde las noticias en los medios de comunicación.
¿Cuánto influye lo social en todos estos feminicidio? Hay aspectos del orden social que afectan las relaciones entre hombres y mujeres, y este orden, denominado Patriarcal, se sigue manteniendo. Es la relación de dominación de uno sobre otro.
Este orden social, es negado por los hombres, y esto sucede porque no pueden visibilizar sus actitudes de poder.
Desde el discurso hay muchos hombres que hablan y apoyan la igualdad entre hombres y mujeres, a la hora de decir, pero inconscientemente no pueden conectar lo que DICEN, con lo que HACEN.
Esta disociación entre razón –emoción, es lo que hace al orden patriarcal.
También las mujeres muchas veces imbesibilizamos actitudes que repetimos sin darnos cuenta, porque tampoco podemos salirnos fácilmente de los modos de crianza y modos de relacionamiento donde “el poder”, también se aplica sobre el varón.
El relacionamiento en parejas, donde uno ejerce dominación sobre otro, ya sea de un hombre a una mujer, de una mujer hacia un hombre, entre dos mujeres o entre dos hombres, seguirá cimentando el Patriarcado.
Vínculos de pareja, donde cuando alguna de las partes, visibiliza su ahogo y se quiere salir, tiene como consecuencia, sucesos violentos.
Las separaciones son generalmente violentas, desde lo verbal.
Ahora, el rebelarse contra la dominación, termina en asesinatos, y éstos, son llevados a cabo, solo por varones.
La emancipación, la toma de decisiones, la elección de estar sola/os, o con otras parejas, no es un hecho tolerado por algunos seres irracionales.
Digo irracionales, porque seguramente a la hora del impulso suceden muchas cosas a nivel cerebral, impulsos descontrolados desde una corteza prefrontal que no mediatiza entre el deseo y el acto, la predominancia del hemisferio derecho, que comanda las emociones, y todo se pone en juego, para no dar lugar a una pizca de racionalidad.
La violencia de género, se aplica para dominar, ejerciendo un poder sobre el otro. El sentir que la mujer es una cosa, una propiedad, y que “no se tiene el control absoluto” sobre ella, provoca una ceguera, un sentimiento de impotencia, que lleva a la impulsión total. No hay pensamiento, solo ira desenfrenada.
Claro que antes no sucedían estos crímenes, porque las mujeres eran sumisas. No existían mujeres que dijeran “me voy”.
En algunos casos este “me voy” es vivido por estos femicidas, como un despojamiento de todo, un irse la mujer, llevándoles “la razón”.
Y nos preguntamos, ¿cuántos años llevarán los cambios sociales?
¿Qué precio tiene el decir “NO”?
¿Cómo trasmitir a las nuevas generaciones un orden diferente, no basado en el poder de uno sobre otro?
¿Y mientras tanto, la justicia podrá aparecer como un freno?
El uso de las tobilleras, ha sido un freno, y mientras fueron suficientes, disminuyeron los feminicidios… Pero no han dado abasto.
Algo hay de la ley, que opera como freno.
Por otro lado, nos preguntamos, qué pasa con el 77 % de las mujeres que hacen denuncias y después las levanta.
Nos faltan herramientas, nos falta mucho como sociedad.
Quizás una manera de pensarse en las relaciones humanas, sea desde cada uno, siendo autocríticos. Viendo cómo nos posicionamos y por qué nos posicionamos de tal o cual forma.
Esta no es la única respuesta, sino una mirada desde un punto de vista psicosocial.
Encontrar caminos más sanos, sin violencia, requiere de un autoconocimiento, rescate de valores, como el respeto por el otro, de humanidad, de un pensar sobre un actuar. De la razón sobre el impulso.
*Especialista en Psicoanálisis Vincular