Viernes 22 de noviembre, 2019
  • 8 am

Recuerdos

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

629 opiniones

Por el Padre
Martín Ponce De León
Cuenta la leyenda que un día…….
Un día de hace muchos días……….
Una joven se dedicó a guardar todo lo que pasaba en su día.
De una flor guardó un pétalo con sus mejores colores.
De un ave atesoró una pluma y el más hermoso de sus trinos.
De una fruta guardó un color con el más dulce de sus sabores.
Guardaba los primeros rayos de sol con las luces de cada amanecer.
Guardó su primer diente y su palabra primera.
Guardó sus primeros pasos y la más bonita de sus canciones.
Guardaba cada sonrisa que le obsequiaban sus seres queridos.
Guardaba cada mirada que le proporcionaba aquel que pasaba a su lado.
Todo lo fue guardando ordenadamente y guardaba el hecho de guardar que realizaba a cada instante.
Todo lo que guardaba era porque le decía algo y ese algo lo escribía con la mejor de sus letras.
Al comienzo eran unas pocas cosas en un estante y luego fueron muchas cosas y muchos estantes.
Era muy fácil, para aquella joven, mantener muy limpia y ordenada su colección de cosas que hacían a su vida porque su vida estaba al servicio de aquella particular y extraña colección.
A medida fue guardando más y más cosas necesitaba de mucho más tiempo en recordar su vida.
Llegó un día en que descubrió que ya no le alcanzaba una jornada para repasar sus tesoros.
Había aprendido a guardar con tanta facilidad que necesitaba de todo un día para guardar lo que había vivido en la jornada anterior.
Así entre guardar y repasar fueron pasando sus años.
Cada vez tenía más recuerdos, cada vez pasaba más tiempo repasando sus días.
Su vida estaba en aquella colección y aquella colección era su vida.
Una noche, en la que aún repasaba una mañana muy lejana, se le apareció un ángel para informarle que había llegado al final de su vida.
Ella lo escuchó sin preocuparse por la noticia que recibía pero sí se preocupó por su colección y eso fue lo que le dijo a aquel ángel.
“ ¿Qué va a ser de mi colección? ¿Quién habrá de cuidarla? ¿A quién podrá importarle todo esto que he guardado a lo largo de toda mi vida?”.
“Ya alguien se encargará e todo eso” le contestó el ángel.
“Es lo que hace a mi vida. A nadie habrá de importarle como me importa a mí”.
El ángel la miró y comprendió que aquella joven, que ya no era tan joven, tenía razón.
Le concedió poder cuidar toda su colección aún después de su muerte pero, también, le encomendó la tarea de velar por los recuerdos de todos los mortales.
Con un agitar de sus alas la convirtió en el hada de los recuerdos.
Desde entonces las personas, sin darse cuenta, van guardando recuerdos y los mismos aparecen en la memoria sin que nadie se lo proponga.
Las personas viven y el hada de los recuerdos es quien los ordena y lleva o trae conforme entiende es más oportuno.
Muchas veces es necesario que pase mucho tiempo para que alguien se de cuenta que posee determinados recuerdos.
Es casi imposible elegir los recuerdos que uno desea guardar. Uno vive y ella es quien se encarga de guardar lo que habrá de quedar guardado o de dejar que algunas cosas se llenen de olvido.
Es así como uno se encuentra, un día, con la sorpresa de descubrir que posee recuerdos que ni noción se tenía de tenerlos guardados.
Es así como uno, muchas veces, intenta recordar algo que sabe pasó en su vida y no logra hacer tal cosa.
El hada de los recuerdos es sorprendente para que los recuerdos siempre nos sorprendan.
Los recuerdos, manejados por el hada, se tornan un misterio interior que irrumpe en nuestra memoria caprichosamente y es, su manejo, muy ajeno a lo que pueden ser nuestros meros deseos.
El hada de los recuerdos se conserva totalmente joven a los efectos de que los recuerdos siempre sean jóvenes en nosotros.