Viernes 22 de noviembre, 2019
  • 8 am

Inevitable ajuste fiscal

Fulvio Gutiérrez
Por

Fulvio Gutiérrez

122 opiniones

Por el
Dr. Fulvio Gutiérrez
Uno de los temas más discutidos en este año electoral, ha sido sin duda la necesidad o no de aprobar algún “ajuste fiscal”. Ahora bien: ¿qué es un “ajuste fiscal”? Analicemos en forma sencilla.
•El Estado es –salvando las distancias- como una familia. Tiene que vivir, tiene que mantenerse porque tiene gastos importantes que solventar, y a tales efectos, debe administrar sus ingresos para pagar todos esos gastos. Como en toda familia, tiene que haber una racionalidad entre los dineros que entran y los que salen. Cuando ese equilibrio no se da, entonces aparecen los problemas.
Pero la “familia” del Estado es complicada. Tiene un abanico de gastos: la imperiosa necesidad de progresar, de invertir en determinadas cosas, en crear fuentes de trabajo, de pagar sueldos a cientos de miles de funcionarios, de mantener y hacer crecer su infraestructura, de mantener y crear nuevos servicios, de construir viviendas, de adoptar nuevas tecnologías, de apoyar a la población cuyos ingresos están por debajo de la línea de pobreza, y varios etcéteras. Eso supone un aumento de los gastos, por lo cual necesariamente debe incrementar sus ingresos. Si no lo hace, comienza a tener una deuda que se denomina “déficit fiscal”, es decir, números en rojo. Pedir dinero prestado a bancos u organismos internacionales, supone el aumento futuro de sus gastos, pues esos préstamos hay que pagarlos, y esos pagos aumentan sus egresos.
¿Cómo solucionar este problema? Aumentando los ingresos o disminuyendo los gastos. Para eso, debe hacer un “ajuste fiscal”, que no es otra cosa que una herramienta económica que permite equilibrar las cuentas del Estado, cuando hay una diferencia entre lo que ingresa y lo que se gasta, amenazando con afectar la estabilidad de las finanzas públicas. Esas medidas están orientadas en uno de dos sentidos: aumentar los ingresos o disminuir los gastos. O las dos cosas.
¿Cómo se aumentan los ingresos? Aumentando las tasas de los impuestos o creando nuevos impuestos. La ventaja de esta solución es que es rápida. Por ejemplo, si la tasa del IVA (impuesto que pagamos todos los días cuando compramos cualquier cosa), es del 22%, el Estado la puede aumentar al 24%, y el aumento ingresa casi en forma inmediata a las arcas del Estado. También puede bajar los mínimos imponibles de determinados impuestos. Por ejemplo, si yo pagaba un impuesto porque ganaba más de $10.000, cuando el Estado lo baja a $5.000, aumenta el número de personas que deben pagar ese impuesto. Que es lo que en cierta forma pasó con el IRPF.
El otro camino es disminuir los gastos del Estado, por ejemplo no contratando más funcionarios ni reponiendo las vacantes. O no realizando inversiones que no sean estrictamente necesarios; o disminuyendo los beneficios económicos de los funcionarios de jerarquía (pagos de secretaría, de celulares, de vales de nafta, de partidas para periódicos y revistas, limitando los viajes al exterior, etc.). La disminución de gastos tiene una desventaja, y es que demora su concreción práctica porque tampoco se lo puede hacer a “rajatabla” (la salud, educación y seguridad no se puede afectar), y porque generalmente hay derechos que necesitan ser modificados y eso lleva tiempo. Los errores de cálculo y de estrategia del Contador Astori, nos metió en un enorme déficit fiscal que está en el 4.9% del Producto Interno Bruto (es lo produce un país en el término de un año), bastante lejos de la proyección inicial de 2,5% en el Presupuesto quinquenal en 2015. Por tanto, que hay que hacer un “ajuste fiscal” no puede caber duda de clase alguna.
Prometer no crear impuestos o no aumentar la tasa de impuestos ya existentes, es una mentira. Vázquez y Astori ya mintieron sobre ese tema. Y no porque el político mienta a sabiendas, sino porque la cruda realidad le va a pasar por arriba de quien prometa tal cosa. Disminuir los gastos, sí es más posible, aunque como se dijo, lleva tiempo. Tal vez más de un año. ¿Y mientras tanto qué? Nadie puede suprimir 50.000 funcionarios en cinco años, como lo prometió un irresponsable presidenciable. Eso es mentira. Pero además, la disminución de gastos supone una firme y obligatoria decisión de todo el gobierno, el central, los Entes Autónomos, Servicios Descentralizados y Gobiernos Departamentales. Muy difícil (diríamos imposible) de concretar.
Que la culpa de todo este déficit fiscal es del gobierno frentista, está claro. En 15 años, recogió dinero “a baldes” y no hizo previsiones para la época de las “vacas flacas” como la que ahora padecemos. Que se debe planificar una solución inmediata, también está claro. Pero ajuste fiscal se va tener que hacer sí o sí. Decir lo contrario es una burda mentira. El despilfarro del gobierno que se va, lo vamos a tener que sufrir todos los próximos cinco años. ¡Y no tiene vuelta!