Martes 19 de noviembre, 2019
  • 8 am

El rincón de las gallinas

Leonardo Vinci
Por

Leonardo Vinci

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Por Leonardo Vinci.
El relato de la izquierda pretende negar al General Rivera sus hazañas,- las que contribuyeron a que exista el Uruguay tal como lo conocemos,- sin embargo, la historia pondrá las cosas en su lugar.
Esta semana debió conmemorarse un año más de la Batalla del Rincón, siendo el primer encuentro militar entre las tropas revolucionarias de Fructuoso Rivera y las fuerzas de origen portugués del comandante Mena Barreto. La Banda Oriental había sido anexada al Reino Unido de Portugal denominada Provincia Cisplatina, después de la derrota de Artigas en la Invasión Luso-Brasileña.
Juan Antonio Lavalleja inició su campaña revolucionaria de liberación el 19 de abril de 1825, junto a un puñado de hombres que posteriormente serían nombrados con el legendario nombre de los Treinta y Tres Orientales. Poco después, el entendimiento entre los “compadres” hizo que sus fuerzas obligaran a las tropas brasileñas, a replegarse hacia Montevideo.
Tras la declaratoria de la independencia se reabrieron las hostilidades y los ejércitos revolucionarios chocaron varias veces con los ejércitos del Imperio del Brasil.
Los viejos libros de historia cuentan que “Una de las pocas fuerzas militares brasileñas que continuaron sus operaciones en el interior de la Banda Oriental era la comandada por Mena Barreto, quien operaba sobre la costa del río Uruguay, y tenía bajo su custodia una gran caballada.
Los animales estaban encerrados en un cuadrilátero, casi enteramente rodeado por ríos, al norte de la desembocadura del río Negro en el Uruguay, en el sitio llamado “Rincón de Haedo” o “Rincón de las Gallinas”.
Rivera decidió dar un golpe de mano y apoderarse de los caballos.
Al frente de solamente 250 hombres, y haciendo la máxima utilización del terreno y de las horas de oscuridad, las fuerzas de Rivera cruzaron el río Negro en la madrugada del 23 de septiembre.
Ocultos durante el resto del día, al amanecer del día siguiente reaparecieron en el interior del Rincón y sorprendieron a la guardia brasileña que custodiaba los portones.
De inmediato juntaron las caballadas – unos 8.000 caballos – e iniciaron la retirada a través del portón. En ese momento llegó la noticia de que se dirigían hacia allí las fuerzas de los coroneles Mena Barreto y Jardim; este último había avanzado rápidamente desde Paysandú y momentáneamente se puso al frente del total de 700 soldados brasileños.
Temiendo que, en caso de tener un choque parcial debería posteriormente enfrentar las fuerzas del general Abreu, que operaba cerca de Mercedes, Rivera decidió enfrentar al ejército que tenía a su frente.
De modo que lanzó una primera guerrilla en posición frontal y el resto de sus tropas cruzando un bañado, dando un ataque de flanco en momentos en que las agotadas tropas de Jardim estaban cambiando de caballos. Parte de la infantería brasileña alcanzó a dar una descarga de fusilería, e inmediatamente los orientales estuvieron sobre ellos.
Obligados a replegarse, los brasileños perdieron al coronel Mena Barreto, de modo que Jardim logró salvar menos de la mitad de sus tropas gracias a una huida acelerada, siendo perseguidos por unas tres leguas.
Las fuerzas brasileñas perdieron alrededor de 140 muertos y 300 prisioneros, además de 189 carabinas, 167 sables y 164 pistolas, 7.500 cartuchos y gran cantidad de vestuario.
Repuestos del esfuerzo, y llevando más prisioneros que su propia tropa, los hombres de Rivera partieron del lugar arreando los 8.000 caballos, que llevaron hasta el cuartel de su jefe, en Durazno.
Eran esos golpes de picardía que tenía Rivera, que con audacia y suerte, pasó de eventual perdedor a ganador infringiéndole grandes pérdidas al enemigo”.
Sin la victoria de Rincón, los orientales no hubieran cabalgado “carabina a la espalda y sable en mano” a iniciativa de Bernabé en la gloriosa jornada de Sarandí, donde los compadres se alzaron con la gloria.
Como dijera Delmira Agustini de Rivera :¡Aunque haya alguno que enturbiarle quiera, nunca su brillo amortiguar podrá!