Lunes 6 de abril, 2020
  • 8 am

Entender Uruguay

Rodrigo Goñi
Por

Rodrigo Goñi

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Por el Cr. Rodrigo Goñi
La Ley de Promoción de Inversiones es una de las que hay que reformular, porque es vital para el desarrollo del país, y tiene un enfoque absolutamente disociado con los fundamentos de la economía nacional.
Se sustenta en la devolución por parte del Estado, de impuestos generados por la empresa que invierte, para que contribuya al repago de la inversión. Así, quien invierte, por ejemplo doscientos mil dólares, y tiene una carga anual de impuesto a la renta de digamos cincuenta mil dólares, el fisco autoriza a que durante seis años, pague solo veinte mil dólares de impuestos anuales, y que los otros treinta mil, los dedique al pago de la inversión realizada. Reitero, es un ejemplo grueso, a los solos efectos ilustrativos.
Desde que está vigente la ley, más de veinte años, se han amparado proyectos por miles de millones de dólares, que abarcan la industria, el comercio, los servicios, el agro, el turismo, etc. Todos quienes pudieron, lo hicieron, y para hacernos cabal idea del “todos”, digamos que, por ejemplo, hasta los grandes estudios profesionales, han realizado inversiones millonarias, por ejemplo en edificios enteros para desempeñar su tarea, porque han preferido comprar ladrillos a pagar impuestos.
Desde mi punto de vista, bastante de esa inversión, importante para la empresa, no es demasiado relevante para la economía en su conjunto, ya que una vez realizada, no genera flujos productivos para la misma, pensemos por ejemplo en todos los galpones que el comercio ha construido bajo este régimen, importantes para el comercio, pero irrelevantes para el crecimiento de la economía, esos ladrillos no generan riqueza.
Y en la economía uruguaya, lo que la transforma y da sustento al resto, es la inversión agropecuaria, y con el actual diseño de la ley, el agro solo ha representado un 10 % del total promovido, y esa cifra, computando dentro del sector, inversiones que son netamente comerciales, como las que puede realizar una agroveterinaria cuando construye un galpón, de manera que, el agro propiamente dicho, prácticamente no ha tenido beneficio alguno con esta ley.
Para empezar, porque el sector no tiene renta alta, en consecuencia paga pocos impuestos directos con lo que no le llega el beneficio fiscal, pero además, porque las inversiones agrarias, no caen dentro de los parámetros, por ejemplo de incremento de puestos de trabajo, porque es un sector poco intensivo en el uso de mano de obra directa, pero repercute fuertemente en el trabajo en los otros sectores de la economía.
El problema, es que el sector está estancado desde hace 10 años, no invierte, no aumenta su producción, podría llegar a revolucionar la economía nacional, pero no se le entiende, no se le conoce, las políticas se diseñan por economistas que desconocen la realidad y al final, los ciclos se repiten, caemos en recesión, estallan crisis de deudas y perdemos todos.
Uruguay debe promocionar la inversión directa en el agro, en agua, en sombra, en alambrados, en energía y entonces entraremos en un círculo virtuoso de crecimiento REAL de la economía.