Viernes 22 de noviembre, 2019
  • 8 am

El apego al otro

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*
A veces, expresamos nuestras emociones, con palabras que “afirmamos”, en nuestro mundo interno, que no son las apropiadas, porque no producen el resultado que estamos buscando para sentirnos bien.
De esta manera, vamos ingresando sensorialmente, emociones, sentimientos, palabras que se van grabando en nuestra memoria, y en el cerebro son registradas con angustia, que no es fácil regular.
Si por ejemplo, queremos olvidarnos de alguna expareja, dar vuelta la hoja, cerrar un capítulo, o borrar de nuestra mente sucesos dolorosos o sufrimiento por alguna persona, no es lo mismo que nos digamos “sigo apegada a …”, “no me puedo olvidar”, a que nos digamos, “ a veces, siento alguna nostalgia”.
Recordar, extrañar algunas cosas, no significa amar.
El recuerdo es algo que va y viene, y lo puedo manejar incorporando nuevas vivencias, situaciones, “cambiando de aire”.
El apego a alguien es otra cosa.
Partiendo de la base que las experiencias tempranas se codifican en el circuito neuronal en los 12 a 18 primeros meses de vida, y de acuerdo a la relación que se tenga con la figura más importante del comienzo de la vida, generalmente la madre, estos patrones de apego se guardan en la memoria implícita.
Esas memorias implícitas se reactivan más tarde en las relaciones de pareja adulta.
Los modos de apego que se dan en la pareja, pueden ser: APEGO SEGURO, que tiene que ver con un sentirse bien con el otro, no necesito tenerlo al lado, ni pegado a mí. El apego seguro se trata de un poder estar tranquilo y disfrutar de la intimidad, no estar pensando en que lo dejen, porque sabe que si no funciona, aceptará el duelo. Comparte tiempo en pareja y tiempo para sí.
El APEGO INSEGURO, es cuando gira todo en torno a la relación. Un no poder sentir al otro a menos de 10 metros, de controlarlo y exigirle atención permanente. Predomina el miedo de perderlo.
Por otro lado, existe un modo de relacionarse que es más DESORGANIZADO, que si el otro me atiende y lo tengo a mi disposición, lo amo, y si no, lo odio.
Este pasaje del amor al odio, más primitivo, más doloroso, suele verse en relaciones donde hay un permanente ir y venir, separarse y volver a estar juntos, fusionarse y sentir cuando no es así, un caos la vida. Son relaciones muy conflictivas.
También hay una forma de apego, que es EVITATIVO, el no comprometerse con el otro, estar pero no estar, tenerlo ahí. Con la distancia y la frialdad se aseguran esa dificultad que tienen en expresar sus sentimientos, y viven la relación en forma superficial.
El Apego en las relaciones de pareja puede contribuir a regular, sostener, llenar aspectos de la personalidad y del mundo interno de la persona.
Puedo tener apego con determinada persona, porque eso, me hace sentir valioso, o porque me sirve de compañía al no poder estar solo; o puede ser que tenga un apego por satisfacción sexual pura y exclusivamente.
En todos estos casos, el apego es en búsqueda de estar bien.
También cuando se termina una relación, porque se siente que el apego es de un solo lado, y el otro no siente lo mismo, se observa, se percibe que el otro está por fuera del alcance emocional, el sufrimiento es grande, devastador. A veces, la única forma de sacarse este dolor, de la no reciprocidad, es cortando, porque el estar con otro, y sentir la indiferencia, no permite el olvido.
El recuerdo provoca una añoranza que es bien distinta del estar con otro y no poder llegarle ni desde la afectividad ni con actos.
Las experiencias de la vida personal y social deberían ir en continuo crecimiento interno, intentando generar un aprendizaje emocional. Esto depende de cada uno.
Podemos haber tenido una forma de relacionamiento en una relación de pareja que pudo ser muy conflictiva y hacer un aprendizaje emocional, y en otra relación, el tipo de apego ser otro, menos doloroso.
Todo depende de cada uno, en la vida temprana la dependencia del otro es real, pero no debería ser así en la madurez.
*Especialista en vínculos