Viernes 22 de noviembre, 2019
  • 8 am

Las huellas de la vida

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce de León
Por más que nos parezca mentira, pero es la realidad, ya estamos corriendo los últimos meses del año. Personalmente, me parece algo de no creer, pero si me pongo a pensar, debe de ser la consecuencia de nuestra vida que llevamos; dado que esta, de mansa no tiene nada. Ya entramos en el mes 10 y comienza nuestra mente a querer repasar lo que hemos hecho en lo que va pasando del 2019.
Este año, que es muy particular, ya que a fines de este mes, el pueblo va a elegir al candidato o a los candidatos, que van a ocupar la tutoría del pueblo uruguayo. Eso puede ocurrir en Octubre o en Noviembre, como es sabido. Después seguiremos nuestra marcha, rumbo a las fiestas, señal de que se viene Navidad y un Año Nuevo.
Si algo me ha llamado la atención, es como nos enteramos, cada vez más rápidamente, de todos los problemas que ocurren en nuestra sociedad; llámese: enfermedades, conflictos, atracos, y todo lo que Ud. le quiera agregar. Es indudable que muchísimo de este “chismerio” urgente, se llama tecnología.
Se quiere saber del tiempo, se quiere saber de un resultado deportivo, se quiere saber de un conflicto, etc…..recurrimos a la tecnología. Pero esta es incapaz de decirme sobre mi obrar, de cómo es la huella que va dejando “mi carro” en el camino que me ha tocado transitar. Lo que siempre tenemos que tener presente es que el pasado ya fue y es imposible de cambiar. Por eso tenemos que tratar de llevar muy bien acomodados los zapallos en el carro, y este lo mejor cargado y con la mayor cantidad posible, para dejar una huella profunda y pareja.
Los otros días tuve el placer de charlar con una persona que integra el grupo de Casa Madre, de Paysandú, que en sus comienzos acompañamos con el Sr. Fausto Bentancur. La verdad que me dejo muy contento de lo que se ha logrado y los proyectos que tienen. Van logrando mucho más ligero, las metas propuestas, y les puedo asegurar que la huella que van dejando es muy profunda. Todos tiran parejo; es una comisión de mucha gente; de lo más variada, en todos los aspectos. Me contaba que solamente en una oportunidad, apareció una rispidez, pero que gracias a ser muchas personas, en seguida se subsanó, y hoy son los dos más unidos del grupo.
Cuantas veces tendríamos que tomar, para uno, este ejemplo ya que, tenemos la costumbre de querer “imponer” nuestra forma de pensar o de obrar, por encima de los demás, y nos cuesta aceptar lo que los otros piensan o quieren hacer. Nos cuesta aceptar que no tiene porque gustarle, apreciar, sentir y vivir, igual que yo. Y es ese “yo” el que nos hace personalista, egoísta y separatista. Esto quiere decir que me cuesta aceptar al otro como es y quiero que haga, sienta y piense igual que “yo”. Dando pie a las separaciones o divisiones.
¡Qué lindo sería saber como debo de reaccionar frente a los que no piensan igual que uno! Y mucho más complicado se hace cuando entran intereses ajenos a nuestra misión, que buscan, y dejamos que entren, un rédito. Muchas veces lo dejamos entrar, porque traen soluciones “mágicas” que luego muestran su verdadero y único fin; y nosotros solucionamos el problema, sin hacer nada, cómodamente.
Claro, cuando buscamos o queremos ver la huella de nuestro carro, es imposible verla, dado que frente a la primera brisa, desaparece de nuestra vista. Como resultado tenemos el enojo de nuestra parte, nos sentimos defraudados. Nos olvidamos que es muy poquito lo que hemos hecho y pretendemos primero: engañarnos a nosotros mismos y luego frustrados dado que mi esfuerzo (mínimo) no se ha tenido en cuenta.
Cabe una pregunta: ¿Si miro hacia atrás que veo?