Viernes 15 de noviembre, 2019
  • 8 am

No fue un debate

Fulvio Gutiérrez
Por

Fulvio Gutiérrez

121 opiniones

Dr. Fulvio Gutiérrez

El pasado miércoles, la pregunta de la mañana en todos los medios de comunicación era ésta: ¿quién ganó el debate? ¿Martínez o Lacalle Pou? Esta pregunta nos dice unas cuantas cosas: que el uruguayo común no sabe lo que es un “debate; que lo toma como si fuera una competencia deportiva en la cual debe haber un ganador y un perdedor; que esa idea fue reafirmada porque los organizadores del “debate”, llegaron a hacer una instancia preliminar a la cual, incluso, denominaron “previa”, como si fuera un espectáculo de fútbol; que por si esto fuera poco, luego de finalizado el debate, en la televisión vimos un comentario de la “competencia” entre varios “Scelzas” analizando en términos casi deportivos las instancias del “debate”, el comportamiento personal de los contendientes, sus errores, sus aciertos, sus actitudes, etc.

Con esta forma de encararlos, los denominados “debates” políticos degeneran su finalidad, y en definitiva dejan de ser realmente “debates” y no siempre sirven precisamente para que los candidatos expongan sus propuestas. El formato estuvo muy apegado a un reglamento demasiado estricto, que hizo perder toda espontaneidad a los debatientes, impidiendo la demostración de sus conocimientos, su capacidad de maniobra, la sinceridad de sus respuestas y su rapidez para reaccionar ante imprevistos.

El tiempo que tenían los debatientes para expresar sus ideas, y para contestar, era tan reducido que las exposiciones eran necesariamente síntesis apretadas en frases cortas, y sin ninguna posibilidad de interrupción. Véase que el tiempo que insumió el espectáculo televisivo en sí, fue de 20 a 21 y 30, pero el tiempo real que utilizaron los debatientes fue de 52 minutos. Hubo un exceso de introducciones de los moderadores, los que en definitiva no moderaron nada, quitándole tiempo a los debatientes. Parece que no se entendió que la gente quería escuchar a Martínez y Lacalle Pou, no a los moderadores. Por otras parte, los largos espacios de propaganda comercial, en definitiva, enfriaron el “partido”. Es cierto que esta propaganda es la que paga el tiempo televisivo, pero el tiempo entre cada bloque, a nuestro juicio fue demasiado extenso.

Diario

Los debatientes se apegaron fuertemente a la reglamentación que seguramente ellos mismos sugirieron a los organizadores y entonces se perdió la espontaneidad, la rapidez, la fluidez que siempre debe existir en las discusiones políticas, como por ejemplo se da en el Parlamento. Vimos a un Martínez demasiado tenso, mirando fijamente a la Cámara, como asustado, consultando demasiado sus apuntes, y tan claramente nervioso que a veces pretendió disimular con una falsa sonrisa; y a un Lacalle Pou demasiado serio, con el ceño fruncido como enojado, aunque mucho más suelto que Martínez a quien miró varias veces cuando personalizaba su respuesta. No vimos soltura corporal; no vimos sonrisas francas y sinceras, ni gestos espontáneos, no vimos “cancha” en ninguno de los dos.

El temario, tuvo algunos grandes “debes” que resultan inexplicables. No se tocó el tema “campo”, que es la base de nuestra economía, salvo una ligera referencia al abigeato que hizo Lacalle Pou. La frase “si el campo no produce la ciudad no come” no es un eslogan vacío, es la pura realidad. Otro “debe” es la “reforma de la seguridad social”, tema importante si los hay, y sin embargo ninguno mencionó algo al respecto. Tampoco se dijo algo sobre las incoherencias y mal manejo de las relaciones exteriores por parte del Canciller Nin Novoa, salvo los comentarios improcedentes de Martínez sobre los presidentes Macri y Bolsonaro, al tiempo que no hizo mención alguna respecto de las violaciones de los derechos humanos en Venezuela. Tampoco hubo referencia alguna sobre las relaciones laborales y los convenios colectivos, a pesar que nuestro país recibió una dura reprimenda por parte de la OIT por el mal manejo que ha hecho de estos temas pese a haber transcurrido diez años de la primera observación.

Entonces, razonemos: ¿qué es un debate realmente?: un debate es una discusión formal entre dos o más personas, que trata sobre un tema o varios temas determinados, en los que existan divergencias de opinión, en dónde las tesis o posturas de los debatientes son argumentadas y refutadas; lo que puede ser moderado por una o más personas que son designadas para tal fin. Es decir, es un diálogo vivo, con un ineludible grado de confrontación, con cierto desarrollo de posturas e ideas, que permitan a los debatientes cierta libertad de respuesta para que pueda demostrar a quien los mira, su conocimiento del tema, su agilidad para la exposición de ideas, y su seguridad en cada discusión. Nada de eso se vio el martes.

Por eso lo del título: lo del martes a la noche, no fue un debate.