Martes 19 de noviembre, 2019
  • 8 am

Suave con el faso

Andrés Merino
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Andrés Merino

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Diario

Por Andrés Merino
Hay veces en que nuestra capacidad de absober barbaridades no da a basto. Vean ustedes esta joyita que encabeza mi columna de hoy: en un aula donde se forman futuros docentes de nivel terciario, esos mismos que en poco tiempo impartirán enseñanza a liceales de nuestro país, una profesora sostuvo seriamente ( y eso es lo trágico, que no estaba bromeando) que la Guerra Fría había sido ganada por la Unión Soviética.
Los jóvenes estudiantes, ninguno de los cuales vivió esa etapa de la Historia Reciente, siguieron tomando apuntes llevados por la inercia del momento, hasta que uno de ellos, a quien esa afirmación algún ruido le hizo, sin ánimos de polemizar con su docente, cándidamente le preguntó si en esa llamada guerra no se habían impuesto las naciones occidentales comandadas por los Estados Unidos, o por lo menos no había un claro bloque ganador. Después de todo, la intervención del alumno era una manera de moderar la tajante afirmación de la profesora, la cual, lejos de encauzar su línea de razonamiento explicó que la Unión Soviética había triunfado por la sencilla razón que fue la primera en poner en el espacio exterior a un ser humano en la carrera espacial (12 de abril de 1961).
La clase continuó sin mayores traspiés, y la curiosa afirmación de la docente quedó incluida en el bagaje de conocimientos que ese día adquirieron los educandos.
No es la finalidad de estas líneas de hoy el argumentar contra tamaña burrada que aún tengo la esperanza de que haya sido una humorada dicha en una árida cátedra para sobrellevar los minutos restantes hasta el descanso.
Una humorada tan patética como la posición defendida por los terraplanistas o de aquellos que insisten en ver a Gardel caminar encorvado hasta no hace mucho por la calle Corrientes bajo el ala de un gacho que le cubre parcialmente el rostro quemado del incendio del avión en Medellín, donde realmente terminó su vida.
Si razono por otro camino, el hecho pasado por alto por esta buena señora de que la Guerra Fría culminó con la caída del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética, previo fracaso estrepitoso del proyecto espacial soviético, no puede ser otra cosa que una burda propaganda política totalmente anacrónica.
Esta discusión tendría vigencia si este comentario en el instituto de formación de profesores hubiera tenido lugar en las décadas del ’60 u ’70, cuando los comunistas convencidos a lo largo y ancho del orbe defendían ciegamente lo que luego se demostró inviable y cruel.
Son los mismos propagandistas que hablaban loas del régimen comunista cubano pero que aprontaban su pasaporte para ir a los Estados Unidos; los mismos propagandistas que afirman dentro y fuera de aulas estudiantiles que los héroes Tupamaros eran jóvenes idealistas que surgieron para combatir a la dictadura militar en nuestro país; los mismos propagandistas que reescribieron la Historia Reciente amparados en mayorías parlamentarias de las cuales gozaron en estos últimos quince años; los mismos propagandistas que dicen defender los Derechos Humanos y cambian de tema cuando se habla de la tragedia venezolana. En fin: es largo el rosario.
Para estos propagandistas parapetados en cargos docentes entre otras yerbas, el afiliarse a la filosofía maquiavélica perfeccionada por Goebbels (Ministro de Propaganda de Hitler), que reza que una mentira repetida mil veces se convierte en realidad, es un recurso válido, y es cuestión de tiempo, si siguen insistiendo, en que las nuevas generaciones acepten mansamente tales tergiversaciones de hechos históricos.
En suma: la tal profesora quiso hacer una broma que nadie entendió, o quiso hacer de muy mala fe propaganda soviética (qué pasada de moda!), o la farmacia donde compra la marihuana le está vendiendo ayaguasca, droga alucinógena si las hay.
Suave con el faso Señorita Profesora!