Martes 12 de noviembre, 2019
  • 8 am

Los caminos de Jesús

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Diario

La gran mayoría de las veces sus caminos no son los nuestros.
Siempre sus caminos son nuestros.
No es un alguien que vive encerrado en un templo, en las páginas de un libro o en una burbuja. Es un alguien que transita los caminos de nuestra historia.
Tan así que, en oportunidades, podemos hacer coincidir nuestros pasos.
Él no tiene problema en embarrarse los pies ni que los mismos se mojen. Siempre que hay una necesidad Él se acerca presuroso.
No camina buscando los lugares más cómodos o los caminos más seguros. Él siempre está dispuesto a llegar a quien le necesita.
No posee los pies delicados o frágiles sino que está acostumbrado a transitar caminos con los pies curtidos de tanto hacerlo.
Sus pies están curtidos del transitar levantando polvo con sus pasos decididos.
No lo detienen las piedras ni las posibles espinas de las zarzas que se empeñan en invadir los trillos.
Poseen las marcas de prolongadas caminatas y algunos arañazos que, en algún momento, hicieron brotar finos hilos de sangre.
Nosotros cuidamos nuestros pies, los protegemos, tratamos de evitar posibles heridas o algo de suciedad o frío.
Los caminos de Jesús siempre conducen a los demás.
Parecería supiese siempre hay alguien que lo está esperando y hacia allí anda.
No transita para imponer su paso o para que los demás le sigan. Va al encuentro del otro para que se sepa alguien aceptado, respetado y, por ello, acompañado.
En oportunidades, cuando los pies del otro están muy destruidos, presta sus pies para que el otro los utilice para continuar andando.
Siempre tiene sus pasos dispuestos a acompañar nuestros pasos para que no quedemos detenidos a la vera de algún camino.
Siempre tiene sus pasos disponibles para ayudarnos a realizarnos como personas.
En oportunidades los caminos de Jesús nos conducen a situaciones inesperadas donde podemos escuchar gritos que nos piden una mano.
En oportunidades sus caminos nos conducen a sonrisas que no sabíamos existían guardadas para que las pudiésemos disfrutar.
No faltan las veces en que sus caminos nos hacen encontrar paisajes insospechados en nuestra realidad cotidiana.
Los caminos de Jesús nos hacen transitar por las sendas del Reino del Padre y allí no hay oscuridades y baches.
Desde los caminos de Jesús podemos encontrar rostros que nos regalan amor generoso, miradas desbordadas de ternura, sonrisas tiernas o con el color de la felicidad transformándolo.
Los caminos de Jesús nos hacen encontrarnos con seres que necesitan ser escuchados, atendidos y estimados puesto que necesitan de alguien en su vida.
Los caminos de Jesús nos llevan a realidades desconcertantes porque todo es un grito a dar una mano, a no ser indiferente a involucrarnos con lo que somos.
Los caminos de Jesús no están colmados de adornos o abalorios artificiales son caminos donde todo es sencillo y cotidiano. Todo tiene color de realidad y sabor a humanidad verdadera.
En los caminos de Jesús se va construyendo la fraternidad, crece la unidad y se respetan las diferencias.
En los caminos de Jesús no hay imposiciones sino que todo se construye desde la búsqueda y el diálogo maduro y auténtico.
En los caminos de Jesús la autoridad no se ejerce desde la obligatoriedad decretada sino desde la fraternidad comprometedora.
En los caminos de Jesús todo se realiza desde la búsqueda compartida y los pies orientados en una dirección producto del diálogo.
Los caminos de Jesús requieren de coraje y ayuda para ser transitados porque dicen de entrega, autenticidad, gratitud y coherencia.