Domingo 23 de febrero, 2020
  • 8 am

¿Lo que votamos, lo elegimos o nos elige?

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

128 opiniones

 

Durante un buen tiempo hemos escuchado todo tipo de propaganda política. Debates, encuestas, cruces, dichos, entredichos.

Hoy nos encontramos en medio de una campaña electoral.

Y continuaremos por un mes más.

Diario

Elecciones, con muchos posteos, videos que se viralizan por whatsapp, de gente que defiende ¿sus ideas? Por momentos de manera irracional, llamando la atención, fanatizados. Otros respetuosos de lo que elijan los demás, aceptando las diferencias, sin distanciamientos por sentir diferente.

¿Elegimos realmente o nos eligen para que los votemos?

¿Somos nosotros que digitamos lo que queremos o como sucedió en otros países, ya viene estudiado, nos dicen lo que queremos escuchar?

¿Quién no promete cambios?

¿Quién no promete felicidad, seguridad, bienestar, salud, educación y trabajo?

¿Somos realmente libres a la hora de elegir o estamos digitados, no pensamos, nos arrastran las masas?

Necesitamos pertenecer y las ideas de otros, nos alivian, nos dan identidad.

A eso se dirigen las campañas.

Cada uno vota pensando en sí mismo, no en una sociedad.

Al conocerse los gustos e intereses que todos dejamos genuinamente o automáticamente en el cyber espacio, más precisamente en Facebook, nuestro sello personal, lo que queremos, hace fácil a las encuestadoras discernir qué necesitan las masas.

Las empresas que se dedican a trabajar para los partidos políticos, van captando lo que la gente “quiere”, “espera”, “sueña”, y deduciendo e investigando gustos e intereses de la gente, desde las neurociencias.

Luego cada candidato maneja estos datos como mejor se lo permite su inteligencia emocional, más buenos asesores, técnicos en oratoria, hacen sus aportes para ganar más voto.

Al menos así pasó en la campaña de Donald Trump.

La mayoría de la gente idealiza los líderes partidarios y supone que esto, les llevará al camino de la paz, la tranquilidad y estabilidad en todos los sentidos, en otras palabras será como la plenitud, la felicidad total.

¿Cómo definir la felicidad? El significado se lo da cada uno, y eso, de acuerdo a la vida que llevemos.

Para algunos sería tenerlo todo materialmente hablando. Y así la gente va cayendo en un querer todo lo que los demás tienen, en creer que la felicidad es algo que se tiene, se compra…

Y ahí la felicidad es soñar con cosas que tienen o quieren los demás, pero no nosotros.

En la búsqueda de satisfacción total, los sentimientos de tristeza son vistos como negativos. No sería así, puesto que son emociones que nos permiten inmunizarnos. No somos máquinas. La realidad es que todas las emociones son necesarias para algo. (Y hasta a los niños, en la película “intensamente”, se les trasmite la importancia de sentir y conectarse con todas las emociones, porque todas, nos conducen a algo)

Detrás de nuestras elecciones, (y nuestras emociones), el “poder”, asoma silencioso o ruidoso, y sujeta, subordina, y a cambio da, esa pertenencia e identidad, necesaria para “ser”.

Aprender a mirar, a contemplar, a pensar, a no reaccionar impulsivamente, ni tampoco aceptar todo pasivamente, a poder decir NO, tan tranquilamente como decimos que sí, al decir de Nietzsche, es parte de un acercarnos a la verdad, que no siempre es feliz.

Pensemos, cuidadosamente no automáticamente.

Celebremos no ser seres automáticos, sino pensantes, cuidadosamente reflexivos y autónomos.

Un mes más para mirar para adentro. No mucho más que decir.