Domingo 23 de febrero, 2020
  • 8 am

Adolescentes en medio de una revolución femenina

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*
Se van terminando las clases, y los adolescentes quedan durante todo un verano un poco a la deriva.
El tiempo les sobra y las vacaciones de verano son largas. Más allá de que cada uno pueda tener actividades deportivas, grupos de amigos, salir de vacaciones con sus padres, la mayor parte de los adultos se toma con suerte 15 a 20 días de licencia, para tener con ellos un tiempo compartido.
Si bien cada familia tiene sus reglas y pautas, los adolescentes están en formación. Inteligentes con las herramientas técnicas de esta era cibernética, nos deslumbran con sus habilidades, pero no debemos olvidar que son jóvenes en desarrollo, y hay que estar presentes en el diálogo.
Sobre todo en las prácticas de autocuidado y los valores éticos y morales.
Si bien la experiencia de vida de los padres, no aparece como valioso para ellos, sí lo es.
No hay que quedarse callado. Opinar desde la propia experiencia de padre/madre, más allá de pertenecer a otra generación, es importante a la hora de soltar amarras.
Cada verano asistimos al desenfreno, al descontrol del uso y abuso de sustancias. De experimentar con los cuerpos, de soltarse y sentirse grandes.
Pasan muchas cosas, que después tienen un costo emocional para toda la familia.
La ética se va construyendo con los valores de los padres, pero también, se va acuñando en los grupos. Y aquí cada uno va aportando sus experiencias, sus emociones, y los demás van tomando nota, y muchas veces se naturalizan situaciones y actos de otros.
Educar adolescentes hoy, es todo un desafío. Se generan grandes contradicciones entre lo que se dice y lo que se trasmite desde lo no verbal.
El educar diferente a los hijos varones y a las hijas mujeres, también deja secuelas.
Un padre que no sabe jugar con su hija cuando es niña, o que no le da muestras de ternura, o tiene actitudes que la hacen sentir rechazada, o no mirada, será una mujer con fuertes dudas a la hora de afrontar sus protagonismos adultos. De igual manera si la excluye del juego con su hermano varón. Porque la está alejando de sus potencialidades como niña.
Un padre que le trasmite a su hijo varón, su poder y dominación sobre la madre, y lo aleja tempranamente de ella, contribuye no a formar un hijo varón, sino a mantener un orden patriarcal. Donde la lógica será de dominación del hombre sobre la mujer.
Educará un hijo, que también intentará dominar y/o destratar a su pareja, que se sentirá muy inseguro al ser grande y tener que relacionarse con una mujer.
Los adolescentes varones de estos tiempos tienen muchos temores a la hora de vincularse con las chicas. Porque las adolescentes mujeres de estos tiempos, no permiten ser avasalladas ni escrachadas.
Hay un estallido femenino que visibiliza y no admite el poder de los varones sobre las mujeres.
Hoy existen los llamados “escraches”, que es una forma pública de denunciar, intimidar y hacerse oír frente a la violencia o el uso del poder de género.
En ciudades grandes se viene observando este fenómeno en mayor dimensión.
La semana pasada, en la Jornada Internacional de Psicoanálisis y Género en Buenos Aires, esta fue una de las temáticas.
Me pareció interesante escuchar como las chicas van a bailar en grupo y 2 o 3 se comprometen a no tomar ni consumir drogas, para cuidar a las que sí lo hacen. Se llaman “la patru femme”. Esto surge a partir de los abusos y violaciones grupales acontecidas al caer en excesos y no estar lúcidas.
No debería pasar nada de esto, pero pasa. Y lo más terrible de todo es que acontece y deja marcas imborrables.
Enseñarle a todes a cuidarse, a ser humanos, respetuosos del otro, y que las masas no los arrasen en relaciones de poder, de maltrato del otro, de no abuso de la confianza, no es tarea fácil.
No tiene que temblar el pulso al decir NO.
Las reacciones de los adolescentes, petrifican a los padres, los paralizan. Y el NO, es habilitador para crecer y sentirse cuidado y querido.
*Especialista en Vínculos