Jueves 5 de diciembre, 2019
  • 8 am

¿El programa único? Un verso

Rodrigo Goñi
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Rodrigo Goñi

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Diario

Por Rodrigo Goñi
Desde el Presidente Vázquez que ha reiterado su frase de “gobernar con la Constitución en una mano y el programa del Frente Amplio en la otra”, hasta el último militante que siempre se jacta de que tienen “diversidad de pensamiento, pero unidad de acción”, siempre, siempre, la crítica del frenteamplismo hacia los partidos tradicionales ha sido la falta de ese programa único que les identifica y diferencia del resto, que sostienen les hace mejores a los demás, porque ese bendito programa, fruto de discusiones en cada comité de base, y acordado y discutido en sendos congresos de la “fuerza política”, es la hoja de ruta que les permite ser predecibles, racionales, que les convierte en un partido único en el país, donde el pueblo y sus dirigentes plasman sus ideas transformadoras, populares, nacionales, que serán el camino hacia la prosperidad del país, donde los más infelices serán los más privilegiados, donde se le pondrá freno al capitalismo y al liberalismo, y que será al fin de cuentas, la ruta hacia el socialismo y la felicidad plena de los uruguayos.
¡Mamita, mire que le han sacado jugo al programa único!
Y el día menos pensado, justo cuando se lleva adelante el debate cuasi definitorio por la presidencia de la República, donde se enfrenta el abanderado mayor de la “fuerza política”, con el representante de la oligarquía, de los ricos, de los que quieren apropiarse del gobierno para expoliar una vez más al pueblo, para vender el “rico patrimonio de los orientales” al imperialismo, para eliminar de un plumazo los derechos que el Frente Amplio regaló en la agenda de género, para quitarle impuestos a los ricos y ponérselos a los pobres, para rebajarle el sueldo a los trabajadores, para hacer trabajar a los empleados rurales catorce horas al día, para que las empleadas domésticas lleven cofia y delantal sirviendo en silencio a sus amos a cambio de cuatro mendrugos, para que la clase media abandone el auto y suba a la bicicleta, en fin, justo, justo, cuando el abanderado de las clases trabajadoras tenía la oportunidad de enrostrar al demonio, personificado en el candidato blanco, lo que es el programa popular, justo ahí, surge la frase matadora, la frase que desmorona todo el castillo de naipes, que dinamita las bases mismas del Frente Amplio, que revela el gran fraude marquetinero, que revela que el gran programa único no es más que letra muerta.
Después de medio siglo de consigna, de innumerables campañas electorales, de miles de debates donde el programa único era la tabla salvadora, el escudo infranqueable, resulta que nos enteramos por el abanderado mayor que el programa único es apenas una recomendación para el gobierno, que no mandata, que simplemente es una expresión de buenos deseos y que en definitiva, el eventual presidente electo con ese programa, puede hacer con él lo que le plazca.
Al final, si hay algo para lo que sirvió el debate, es para desnudar el gran verso frenteamplista, si algo logró Martínez con el debate, es pulverizar la mística, el orgullo, la razón de ser de ese gran conglomerado que se llama Frente Amplio.