Viernes 28 de febrero, 2020
  • 8 am

Balotaje

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Diario

Por Gerardo Ponce De León
La verdad que es un honor, poder ser reiterativo, en algo que me llena de orgullo y placer, como es el ser integrante de de un país como Uruguay. Es de destacar a nivel mundial, el hecho del uso de la Democracia, que se hace aquí. El solo hecho de cantar, todos los partidos juntos, nuestro himno patrio; el ver a la gente, esperando para festejar el triunfo de su candidato, y que fueron varias horas; y para colmo, con un principio de alegría, por un lado y de tristeza, por el otro. Ver cambiar los estados de ánimo de la gente, pero sin desmanes; gente cansada, pero aguantando, para ver si su candidato era el futuro Presidente de los orientales.
Mientras miraba esto, pensaba, en la medida de que se acortaban las diferencias, y el aumento de los votos observados, entre los dos candidatos, que se le puede decir a la gente para que se pudiesen retirar en paz, con tranquilidad y serenidad, a sus casas, cuando cada acto se realizaba a corta distancia entre ellos. Los respectivos candidatos, tenían la obligación de hacer y trasmitirlo.
Gane quien gane, no se puede pensar, si es de mi agrado, mejor; si no le es, tengo que aceptar la voluntad del pueblo, la soberanía del mismo, y ponerme a pensar en que se puede ayudar, para que a dicho candidato le vaya muy bien, ya que la suerte de él, el buen andar de su gestión, es nuestra suerte. Si le va mal, nos va mal, si es al revés, nos va mal a todos. ¡Que grandeza, el de aceptar su gobierno!
¿Estaremos todos dispuestos a aceptar al ganador?, y esta pregunta es la que más me preocupa. Hoy, luego del balotaje, el país, está divido en dos, casi un 50 %, para cada lado. Se tendrá que dejar de lado, las ofensas, los agravios, los ataques que se han usado como muestras, en la campaña política, con el fin de conseguir votos, de poner en ridículo a su rival de turno; para juntos luchar por el mismo país, sin poner trabas en las ruedas, en pensar en todos los ciudadanos que integramos este pequeño gran país. Esto quiere decir, estar por arriba del bien y del mal.
La grandeza comienza en reconocer que hay cosas bien hechos; en que se tiene que corregir las mal hechas. Es reconocer, humildemente, nuestro errores; el velar por el bien de los más necesitados; por los discapacitados; por las zonas o gente que producen; en incentivar el uso de la tecnología y adelantos; en dar pero también exigir una buena respuesta y buen uso de lo que se recibe. Velar por el buen fin de algo que se da, y que no es de uno, sino de todos; darle posibilidades iguales a todos; hacer respetar los derechos de la propiedad privada; ayudar a convivir al patrón y sus empleados, ya que los dos tienen el derecho de ser respetado y uno, sin el otro, no existen. En pensar en ayudar y darle la posibilidad a los enfermos a tener mejor calidad de vida; en ver a los jóvenes, que están enfermos, ya sea por la droga o el alcohol, en “sacarlos” de dicho flagelo.
Claro, que se que no es fácil, que cuesta, pero mucho peor, es quedarnos con los brazos cruzados, mirar de lejos los problemas, y como es costumbre, criticar que no se hace nada, cuando los primeros en no hacer nada, es uno.
En que cada uno de nosotros, tenemos y debemos, ayudar, en la medida de nuestro alcance, a que este país, sea ejemplo de convivencia, tolerancia y respeto.
Lo deseo de corazón, que el 1 de Marzo del 2020, podamos cantar de nuevo, todos los orientales juntos, el Himno de nuestro país: la Republica Oriental del Uruguay.