Miércoles 12 de agosto, 2020
  • 8 am

Buen signo

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Martín Ponce De León
Hace unos pocos días, nuestro Obispo, nos invitaba a una eucaristía con la presencia del Sr. Nuncio Apostólico. (Por las dudas, es bueno aclarar que el Nuncio es “embajador” del Papa para el país donde es designado)
Esta invitación trajo a mi memoria la presencia, en la ciudad, de un Nuncio anterior al actual.
Fuimos, también, invitados a una eucaristía y al llegar llamaba la atención un tremendo coche estacionado frente a la catedral. Su chapa diplomática delataba al dueño del mismo.
Durante varios días fue el comentario de varios pobladores de la ciudad. “Andan mal las cositas en la Iglesia” “¿Es necesario un auto como ese?” “Podría haberlo estacionado en otro lado y no tan a la vista” muchos otros comentarios, como pueden imaginar, se podían escuchar.
Luego de la eucaristía se realizó un encuentro del Nuncio con autoridades e integrantes de la comunidad. Ese día hacía muchísimo calor. El encuentro tenía a un grupo de mozos que atendían a los presentes. Se me acercó un mozo ofreciendo una bandeja con vasos servidos. “No, muchas gracias. ¿No tenés algún refresco?” “Este es momento de servir whisky. Los refrescos son servidos más tarde” Luego de esa respuesta me retiré de la reunión.
Todo esto volvió a mi mente ante la actual invitación del Obispo.
Debo reconocer que grande, muy grande fue la agradable sorpresa que el actual Nuncio habría de regalarme.
En primer lugar el actual llegó en un ómnibus del servicio interdepartamental. Ya no había más un lujoso auto ni un chofer.
Después me habría de enterar que el coche de la nunciatura fue vendido sin que exista otro como sustituto.
Es un buen signo y merece ser destacado. Un buen signo en esta Iglesia tan censurada y un buen signo que dice del actual Nuncio.
Ya era hora de que algunos lujos fuesen dejados de lado. Bienvenido buen signo.
Cuando entro a la catedral para la eucaristía coincido con la entrada del Nuncio. Me llama la atención carga una mochila donde, sin duda, lleva los ornamentos que habrá de utilizar en la eucaristía. Los lleva él. No tiene un secretario que los acaree ni le pide al Obispo que lo lleve.
El Nuncio es un Obispo pero, por sobre todas las cosas es un ser humano normal y está perfecto lleve su mochila. Bienvenido buen signo.
Una vez terminada la eucaristía no hubo ningún encuentro de tipo protocolar sino que, en la puerta del templo, fue saludando una a una a cada uno de las personas que se acercaban a saludarle.
Con tremenda delicadeza escuchaba y respondía a los diversos saludos que se le brindaban. No tenía prisa ni realizaba un trámite. Se inclinaba para escuchar mejor y con una sonrisa respondía y luego trazaba una cruz sobre la frente de quien le hablaba.
No había ningún protocolo sino simple cercanía. Bienvenido buen signo.
¡Por fin! Del encuentro anterior me había retirado con una sensación desagradable, de este me retiraba con una íntima satisfacción.
Me propuse escribir sobre esto puesto que no ha de ser noticia ni ocupará ningún renglón en algún comentario pero, sin duda, vale la pena destacar tal buen signo.
Es una Iglesia que da pequeños pasos para “humanizarse”.
Es una Iglesia que, puede equivocarse y muy feo, pero no duda en dejar algunos privilegios y hacerse más cercana.
Sr. Nuncio, gracias por resultarme un buen signo de esa Iglesia cercana que es tan necesaria actualmente.
Sr. Nuncio, gracias por mostrar, con tanta sencillez, que hay una brisa nueva que invita a modificar muchas cosas.
Gracias por ser un “buen signo”