Sábado 15 de agosto, 2020
  • 8 am

Con el corazón acelerado espero

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Martín Ponce De León
Este camino que vivimos es un camino que debemos construir.
Allá, a lo lejos, divisamos nuestra meta que no es otra que la razón de nuestra esperanza.
Nuestro corazón se acelera descontando las horas que nos separan del destino.
Podemos imaginar su llegada con el rostro pintado de felicidad y el cabello agitándose al viento.
Siempre nos recibe con la mejor de sus sonrisas y la calidez de un abrazo.
Es mucho más que un simple abrazo. Es lo suyo en lo mío y lo mío que se hace suyo.
Para poder encontrarnos necesario se hace dejar de lado lo nuestro para que lo suyo nos ponga a andar.
Es un camino donde no hay lugar para las prisas ni espacio para los reposos.
Es un camino donde lo verdaderamente importante son los pequeños pasos que nos impulsan a continuar avanzando.
Ya no cuenta nuestro punto de partida sino, después de cada paso, la meta más cercana.
Cuando se comienza a experimentar que el corazón se acelera los pequeños pasos parecen inmensos acercándonos a la meta.
Mirar hacia adelante es casi que vislumbrar con mayor nitidez su silueta esperándonos.
Nosotros miramos la meta mientras Él otea el camino.
Ambos nos esperamos deseosos del encuentro.
El camino nos asegura la certeza de llegar.
El camino nos ofrece la garantía de su destino.
No todo es fácil ni cómodo. Todo es renovado y constante esperanza de cercano encuentro.
Paso a paso vamos dejando nuestras huellas y no nos importa el que ellas queden atrás porque lo verdaderamente importante son sus huellas que nos habrán de encontrar.
La distancia es un concepto inventado por los humanos pero Él no se mueve con tal concepto porque siempre está.
Se saltea las distancias para que cada paso sea un encuentro.
Se saltea las distancias para que cada paso sea un renovado abrazo.
Nos espera al final de nuestro camino pero transita el mismo con nosotros.
Nos ayuda a construir el camino por el que transitamos.
Nos impulsa a dejar de lado obstáculos o dificultades.
Nos frena cuando el deseo de correr nos invade.
Nos anima a transitar un algo más cuando el deseo de detenernos gana nuestro ser.
Nos alienta a avanzar paso a paso.
Nos hace saber somos válidos en la medida que nos animamos a dar pasos.
Podemos experimentar pequeñas heridas que no son otra cosa realidades propias del estar en camino y Él se encarga de mostrarnos vale la pena continuar caminando.
Este tiempo de preparación para la Navidad no es otra cosa que un ponernos a caminar hacia su encuentro.
No somos dignos de encontrarnos con Él, pero nuestra necesidad de Él hace que nuestro corazón acelerado transite buscando su encuentro.
Navidad será ese abrazo al final del camino.
Sus brazos sobre nuestros hombros, su rostro junto al nuestro y su ser ligado al nuestro.
Navidad es nuestra historia fundiéndose con la suya.
Son nuestras huellas que se hacen sus huellas porque historia de salvación.
Navidad no es un recuerdo ni una fecha en rojo en el calendario. Navidad es una experiencia vital de encuentro y abrazo.
Navidad es experiencia plena de esperanza y de sueños que se hacen realidad.
Navidad es encuentro que colma nuestro ser y nos plenifica como personas.
Por ello, con el corazón acelerado, espero.