Miércoles 8 de julio, 2020
  • 8 am

Lima no se anima, Adeoms sí

Rodrigo Goñi
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Rodrigo Goñi

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Por Rodrigo Goñi
Esta semana han trascendido dos temas municipales relevantes, por un lado, parece confirmarse que el actual intendente Lima no se animará a renunciar a la administración para poder ser candidato a la reelección, por otro, Adeoms se reúne para evaluar solicitar al Intendente que los “contratados a dedo” pasen a formar parte de la plantilla permanente municipal.
Veamos, para que un intendente pueda ser reelecto, debe renunciar a su cargo tres meses antes de las elecciones, de manera que asume el suplente hasta el traspaso de mando, cinco meses después de la renuncia. Es evidente que en cinco meses el suplente que asuma, no es mucho lo que puede hacer, ni demasiados los desastres que pueda ocasionar; en cinco meses, ningún suplente, de las decenas que en Salto y el país han asumido, ha logrado trascender más allá del ámbito familiar del mismo.
De manera que lo que cabe preguntarse, es a que teme el Intendente Lima por la asunción, en este caso, de Alejandro Noboa.
Es obvio que Lima pretende ocultar algo, que a todas luces, si trascendiera, le significaría por lo menos, un gran costo político, a tal punto que prefiere tratar de que su hermano prosiga en el cargo, y de esa manera salvaguardar su secreto.
Más allá del evidente nepotismo, alarma el afán de ocultamiento de la cosa pública, la poca cristalinidad en el uso de los dineros públicos.
Por otra parte, en el 2010 el intendente Coutinho popularizó la frase “quienes conmigo entran, conmigo se van”, y así ingresó a su entera voluntad a cientos de personas a la plantilla municipal, que al final de su mandato, pretendió dejarlos firmes en la plantilla, pero en medio del desastre económico que eclosionó al fin del mismo, se terminó aceptando que el intendente que Lima despidiera 250 funcionarios de un plumazo.
Increíblemente, asumido Lima, empezó con la misma cantinela, afirmando que quienes no ingresaran por concurso o sorteo, sino que simplemente lo hicieran por su mera voluntad, cesarían indefectiblemente con su mandato, y ahora, con la clara connivencia de las recientes autoridades electas en Adeoms, se procura que sean los municipales quienes pidan al intendente que no los cese.
Es escandaloso, y resulta repugnante, el espurio manejo del empleo municipal, usado como moneda de cambio para conquistar voluntades, haciendo que el pueblo de Salto pague el séquito de colaboradores políticos, sostén de campañas electorales, generador de un clientelismo basado en la necesidad de trabajo.
El Partido Nacional debe pararse firme contra la demagogia enquistada desde hace años en la administración de la Intendencia de Salto, que lo único que ha logrado, además de efímeras victorias electorales, es la destrucción de nuestro departamento y de nuestra ciudad, condenando a los más de cien mil salteños a retroceder más de medio siglo en nuestra calidad de vida.