Lunes 30 de noviembre, 2020
  • 8 am

La creación del hombre

Néstor Albisu
Por

Néstor Albisu

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Por el Dr. Néstor Albisu

Al recrudecer las luchas religiosas (pasión, muerte, resurrección, en sus distintas interpretaciones), aparecen como centro de esas luchas, creencias que en su origen buscaban la felicidad de sus creyentes. Lamentablemente terminaron enfrentando con odio, a aquellos que no coincidían con sus creencias. Aunque no preparados para una explicación litúrgica, creímos oportuno aportar nuestro pensamiento, sazonados con pensamientos ajenos que tienen que ver con el tema.

Simbólicamente hay quienes consideran al hombre como un ladrillo, que forma con los demás, el edificio de la Humanidad. Sabemos que los ladrillos resultan de mezclar tierra con estiércol. ¿Pero como, siendo todos producto de igual mezcla, podemos ser tan distintos? La diferencia está en las proporciones. Hay seres que son mucha tierra y poca bosta y otros… ¿Me entendés, verdad?

Más de mi gusto, es esta otra interpretación. Nos inspiramos en un pensamiento del colombiano Buenaventura Vidal. Este lanza poéticamente su parecer de como se originó el hombre, nosotros aprovechamos y divagamos a partir de ella.

Tomamos la idea de Buenaventura y lo que sigue es nuestro Divague.

“Hubo un Dios que en la creación, escapó a la tentación divina de hacer al hombre a su imagen y semejanza. Y así comenzó creando la Tierra”. (Buenaventura Vidal). -Ahora seguimos nosotros:

En cuanto la vió hermosa, redonda y completa; reparó que le sobraron deshechos, pedazos, migajas.

Enseguida hizo al tiempo y en cuanto este comenzó a andar, creó la distancia y de ella naturalmente brotaron la nostalgia y la eternidad ¡Ah! y también en esa etapa le sobraron pedazos, deshechos, restos y migajas. Enseguida hizo lagos, ríos, océanos…y en cuanto el agua corrió, surgieron las vertientes, subió o bajó, se dio cuenta que también habían quedado restos, deshechos, migajas.

Creó entonces los árboles y cuando la tierra se tiñó de verde y respiró, notó que también allí habían quedado restos, deshechos, migajas.

Y como todos esos restos, deshechos y migajas, pequeñas sobras de su divinas creaciones, le estorbaban, los arrojó a un abismo cercano. Continuó luego su tarea de feliz y porque no, orgulloso creador, haciendo las estrellas, la noche, la distancia, la luna.

También el sol, las nubes, la lluvia, montañas y vientos.Y como se le seguían amontonando migajas, restos, deshechos de su tarea, las arrojó al mismo abismo que las anteriores.

¿Y el hombre? Este tenía ganas de ser, de existir. Pero ese Dios Creador, entusiasmado en su celestial obra, lo tenía olvidado.

Y el hombre, aún antes de existir, no podía soportar el olvido.Y eran tales sus ganas de existir que revelandose al divino olvido, decidió hacerse solo, crearse a sí mismo.

Y allá en el fondo del abismo, donde habían ido a parar todos los restos, deshechos, pedazos y migajas que a Dios le sobrara de sus grandes creaciones, el Hombre con ansias de ser los utilizó para contruirse a si mismo y la vez al resto de la humanidad en su diversidad.

Y con la rebeldía del que se hace solo, venció al divino olvido y el hombre existió. Eso sí, aprovechando todo aquello que un Dios deshechó en su afán creador.

Es por eso que si observamos bien, aún hoy podemos encontrar en cada hombre, un poco de tierra y de tiempo.Y porque no, vestigios de río, árbol y lejanías.

Si, por eso vemos en cada hombre también un poco de distancia, una brizna de nostalgia, tiene titilar de estrella, claridad del día, oscuridad de la noche y misterio de eternidad. Y si te fijas bien, el hombre tiene en su ser, esa mezcla de temores y esperanzas que dan las nubes, a veces la inmensidad de los mares, otras el encanto de susurrantes arroyos…y si observamos bien….una pizca de montaña, de sol y de vientos…