Miércoles 12 de agosto, 2020
  • 8 am

Es Blardoni

Rodrigo Goñi
Por

Rodrigo Goñi

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Por Rodrigo Goñi
El estado del departamento y de nuestra propia ciudad es lamentable, en la última década hemos visto como se destruyó la red de caminos del interior, donde las administraciones solo invirtieron lo que Montevideo mandó como partidas presupuestales, pero se olvidó que también existen recursos como la contribución rural, como el impuesto a la venta de semovientes, como las patentes del sector agropecuario; también hemos visto como las calles de nuestra ciudad se volvían intransitables, empezando por donde solo había balasto, siguiendo por donde había algo de capa asfáltica, para terminar en el destrozo del propio hormigón, verdadero tesoro construido por sucesivas administraciones durante décadas.
Concomitantemente, en ésta “década infame”, la administración municipal dedicó su publicidad a convencernos que el foco de su esfuerzo estaba en mejorar la calidad de vida de los salteños, que la inversión social era cuantiosa, pero con el resultado de que los asentamientos se multiplicaron como hongos, lo que estaba bien se rompió, allí donde había limpieza y sanidad, se volvió mugre y enfermedad, y no solo pasamos de ser una ciudad limpia que era orgullo de todos, a ser una ciudad tan sucia que hasta el propio ministro de Salud manifestó su desazón públicamente, y no pudiendo mantener si quiera, el centro en condiciones, el abandono llegó a los barrios con mayores carencias, transformándolos en verdaderos centros de transmisión de enfermedades y plagas.
En ésta década, pasamos de ser un departamento pujante, que crecía, que atraía gente en busca de trabajo, con buenos índices de desarrollo humano, a estar en el grupo de los cinco departamentos con mayores carencias sociales.
Concomitantemente, las arcas municipales fueron vaciadas, porque fueron puestas al servicio de la política, pagando campañas electorales, creándose departamentos de comunicación que nos cuestan millones de dólares, puestos al servicio del auto bombo de la autoridad de turno; la empresa municipal de ómnibus, único caso en el país, orgullo salteño, fue usada como esquema electoral, al punto que casi las dos terceras partes del impuesto de contribución urbana se van en sostenerla; el propio funcionario municipal, es usado como moneda de intercambio de favores, desde el ingreso a la plantilla, a la distribución de grados, a la carga horaria, pasando del funcionario comprometido con la tarea, con la comunidad, al funcionario pendiente de las relaciones de poder, tanto gremiales como partidarias, lo cual ha llevado a la falta de compromiso en demasiados.
Necesitamos revertir este estado de cosas, y para ello apelaremos al liderazgo de una persona que en su vida particular supo abrirse camino en base a trabajo, orden, conocimiento, capacidad de liderar equipos humanos y que una vez alejado de su actividad particular, está dispuesto a dar lo mejor de sí para recuperar a Salto y llevarlo al lugar de privilegio del que nunca debimos salir.
Bienvenido Pancho a la actividad política, será un gusto aportar a esta causa.