Domingo 20 de septiembre, 2020
  • 8 am

Los pide pan

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Me adueño de un término que escuché hace un tiempo.

Muy bien no sé de quién es la propiedad del mismo.

Cuando lo escuché por primera vez me resultó por demás simpático, casi tan simpático como la sonrisa de quien lo pronunciaba.

Con ese término no hace referencia a ninguna persona en particular sino que hace referencia a un grupo de personas que poseen actitudes muy concretas.

Los “pide pan” son esos seres que podemos encontrar en los distintos lugares de la ciudad y nos abordan pidiendo algo.

Son seres que han hecho de su mendicidad un estilo de vida.

Cada uno suele tener “su lugar” y allí estar sin importar la temperatura o la hora del día.

A su manera suelen pasar prolongados espacios de tiempo en la calle puesto que, la mayoría de ellos, es allí donde viven.

Algunos de ellos viven en algunas piezas que alquilan y donde uno no sabe muy bien cómo hacen para ubicarlas.

Son sucuchos en pobre estado que ellos pagan para tener sus pocas y pobres pertenencias.

Muchas veces las carencias de dichos sucuchos hacen juego con las carencias personales de cada uno de ellos.

Porque, por sobre todas las cosas, son seres humanos con una historia personal muy particular donde no falta la miseria, el alcohol o las drogas.

Esa pesada historia personal que cargan sobre sus espaldas les ha ido llevando al deterioro y la soledad.

Con el paso del tiempo han ido destrozando vínculos hasta quedarse en una soledad donde muchas veces apenas logran convivir con ellos mismos.

En oportunidades uno tiene la oportunidad de escuchar sus historias y no logra entender su espíritu de sobrevivencia.

Porque ello es lo que son, apenas sobrevivientes en medio de una sociedad que, muchas veces, los ignora, margina o teme.

Una sociedad que los responsabiliza de su situación como si han llegado a estar así porque así lo han deseado.

Sin lugar a dudas tienen una cuota importante de responsabilidad ante la situación en que se encuentran pero no son los únicos responsables.

Con el paso del tiempo han ido aprendiendo las artes necesarias para sobrevivir en su oficio de “pide pan”

Saben conocer a las personas con más facilidad de lo que nosotros podemos conocerles.

Con su sola mirada nos encasillan en conceptos muy simples pero que dicen de nuestra actitud para con ellos. Muy difícilmente logran equivocarse.

Por lo general parece están ausentes de los que pasan junto a ellos pero muy bien que observan y clasifican.

En oportunidades solemos pensar ellos están inmersos en un mundo donde nada de lo nuestro es de su interés y solemos equivocarnos muchísimo.

Son ojos que han aprendido a ver casi sin mirarnos y a juzgarnos sin necesidad de intercambiar palabras.

Los “pide pan” saben de nosotros mucho más de lo que nosotros podemos saber de ellos. Les importamos aunque ellos no nos importen.

Por lo general mienten. Como si ello fuese el refugio que les queda para proteger su intimidad ya que es tan poco lo que poseen que ese poco lo esconden detrás de frecuentes mentiras.

Mentiras que van retirando en la medida establecen un lazo de cercanía y confianza con alguien.

Sin duda que la confianza es lo que más les cuesta brindar puesto es el único bien que poseen y son reacios a brindarlos inmediatamente.

Cada uno de ellos es una persona que se llega a nuestra vida para que les veamos y les brindemos una mano desinteresada y solidaria.