Lunes 30 de noviembre, 2020
  • 8 am

Felisa y Anastasio

Néstor Albisu
Por

Néstor Albisu

319 opiniones

Por el Dr. Néstor Albisu

Estas dos personalidades de nuestro viejo Salto, tuvieron justo reconocimiento de su ciudad. Felisa nomina la Biblioteca Municipal y Anastasio la céntrica calle, barrio y pueblo rural. Pero aquí aparentemente terminaban sus coincidencias.
Felisa afamada poetisa, Anastasio maestro Director de escuela; ella soltera, él jefe de familia con 14 hijos. Ella devota cristiana practicante, él eclético libre-pensador. Esas eran algunas de las cosas que los separaban. Sin embargo entre papeles del abuelo Anastasio, encontré que a pesar de diferencias, se tenían mutua admiración y respeto.
Revisando borradores de Anastasio, una carta dirigida a Felisa, me desconcertó. Mostraba un perfil que desconocíamos, con toques irónicos y humorísticos. Meses más tarde, mirando el álbum, cuando en 1944 Anastasio se retiraba como docente, leemos un breve poema de Felisa que arrojó luz. Era ese poema el motivador de la sorprendente carta que al leer su borrador me llamara la atención. Te voy a permitir conocer el grado genial de tolerancia y admiración profesado entre ambos. Iniciaré con el poema de Felisa, que provocó la repuesta. El poema se titulaba: ”A Don Anastasio Albisu”.
”Maestro habeis pasado por la espinosa senda/con la divina antorcha, como piadoso hermano/ahora que habeis llegado al fin de la contienda, permitidme que ponga un beso en vuestra mano. Permitidme la mano vuestra/como si fuera un santo relicario/porque siempre he sabido adorar al Maestro/desde aquel Maestro que murió en el Calvario. Felisa Lisasola”
La repuesta de Anastasio:
”Usted me ha dedicado en el diario La Tarde dos cuartetos sentidos con motivo de mi retiro…ellos me conmovieron hondamente. El beso espiritual y poético que dejó impreso en mi mano, lo recordaré siempre. Usted ha sido muy buena al acordarse de este maestro que camina hacia el ocaso de su vida. Esa misma noche tuve extraño sueño. Habiéndome despedido de este pícaro mundo, me dirigí presto a la morada del viejo portero San Pedro, para que juzgara mis méritos y pecados y que una vez ponderados se dictara la sentencia definitiva.
El venerable anciano con inquisidora mirada dijo: ”Vamos a ver su libro de cuentas…¿Cómo se llama usted.?…Y empezó a leer. Noté que al leer las arrugas de su frente se multiplicaban. Al terminar me dijo: ”¡Condenado para siempre!…por hereje descreído….¡no, no hay salvación para usted!”.Yo aunque asustado logré responder: ”Imposible, allá abajo me tenían por alguien bueno”.
Señaló mi libro de cuentas y haciéndome estirar mi dedo me pidió: ”Lea lo que tiene escrito”.
Al estirar la mano para seguir la lectura indicada, sentí una exclamación del Viejo Portero de las Puertas Celestiales: -”Que tiene usted en la mano?, ¿Qué tiene que tanto brilla que daña ese reflejo mi vista?” Asombrado miré mi propia mano y sorprendido ví que de ella salía un intensa luz que iluminaba el aposento de Pedro, rodeándolo de un extraño nimbo policromático Celestial. ”-¡Ah! -le dije- es un beso espiritual y sublime, impreso por los labios angelicales de una poetisa salteña”.
Despues de meditarlo, con una mano cubriendo sus ojos, me tomó con la otra de un brazo abrió con sus llaves las Puertas Celestiales y me metió en el Reino de los Cielos diciéndome: ”-¡Te salvaste hereje!”. Me desperté sorprendido y al recordar el sueño exclamé: ”-¡Hasta en el Cielo influye la Poesía! -”Hasta debo llegar a creer que el mismo Cielo no sea más que una gran Poesía”. Querida amiga, que siga siendo usted como la he considerado siempre una muestra del espíritu poético salteño. Anastasio Albisu”
Amigo Divagante, ¿no te parece que valía la pena transcribir este intercambio de flores lanzados con maestría, garbo y sabor inimitables?
No quiero agregar más, disfrutalo y sacá tus conclusiones.
Separados por muchas cosas cosas, Felisa y Anastasio buscaron lo que los unía. Y hoy que movimientos minoritarios pretenden con una brecha ideológica, separar sociedades, viene bien recordar estos ejemplos de tolerancia y convivencia que dejaron nuestros mayores.