Domingo 23 de febrero, 2020
  • 8 am

Festejar y sentirse bien

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*
Hay quienes viven el mes de diciembre con mucho entusiasmo, porque implica el encuentro con amigos, hay muchas despedidas de año, otros simplemente por el hecho de terminar el año. Hay gente que celebra la Navidad como un día especial. Los niños disfrutan en la espera de los regalos de Papá Noel…
Para algunas parejas jóvenes y también familias es todo un tema.
“Que si vamos acá o allá, que no quiero ir a la casa de tus padres, que si vamos a la casa de los míos, que si partimos la Navidad con los tuyos y el Año Nuevo con los míos…” y yo pregunto ¿quiénes son los tuyos, quiénes son los míos y dónde ubicamos ¿Lo nuestro?
Ponerse de acuerdo qué se quiere, qué se tiene ganas, darse permiso para elegir y no hacer lo que todo el mundo hace.
A veces el estrés y los acontecimientos en el correr del año, nos devuelven una mirada gratificante, otras veces, oscura.
Siempre hay cosas diferentes, situaciones para rescatar, encuentros, desencuentros y reencuentros que nos atraviesan.
Quienes transitan un buen momento, seguramente no tendrían más que agradecer.
Quienes han tenido dolorosas o irreparables pérdidas, quizás no puedan siquiera pensar en festejar o en compartir el día con otros.
Hay años buenos y años malos o… ¿los evaluamos según como le haya ido a cada uno?
Lo que para algunos es malo, para otros es bueno, cuando algunos ganan, otros pierden, lo que satisface a muchos es una falta para otros.
Cerrar el año implica no solo juntarse y regalarse cosas, comer y tomar hasta caer en shock, y esto, no sucede solo dos días en el año, 24 y 31, sino casi todo el mes de diciembre. Siempre hay algo para festejar, el “despedirse” de o cerrar un ciclo.
Ilusionarse con lo nuevo, fantasear con la esperanza que lo que viene será mejor.
¿Por qué un día como hoy, pisando la última semana del año, nos complicamos tanto? Qué cocinamos, qué tomamos, quiénes vienen, qué regalos…Y es un día de COMPARTIR, y no se precisa mucho para juntarse y compartir. Solo hay que dejar a un costado los celulares y no pasarse con la vista en la pantalla, desatendiendo a los que están presentes.
Es más fácil estar mirando uno y otro estímulo en el celular, que estar concentrado en una conversación familiar. ¿Lo ha notado? ¿Piensa que es más interesante, novedoso el celular que compartir una charla en familia? Pues quizás su respuesta es que la charla familiar es aburrida, es siempre lo mismo… y capaz así sea, pero hay momentos que amerita “estar”, y si no se puede, la respuesta es que este vagabundeo de la mente en el celular, es más interesante que la charla familiar.
Generalmente entusiasma más leer algo nuevo que una charla familiar, que no es ninguna novedad.
Quizás el encontrar recompensas o palabras gratificantes en el celular nos devuelven mejor flujo de dopamina, y nos hacen sentirnos mejor que la charla en familia. Nuestro cerebro aprende a recordar dónde encontramos lo que nos agrada y como evitar lo que no nos genera placer.
No me quiero ir por las ramas con la neurociencia y sus impresionantes aportes para entender nuestros funcionamientos, nuestras selectividades para encenderse en determinadas fases, y las redes neuronales cómo se activan cuando recibimos una recompensa.
Así, solo pensar en las sensaciones placenteras y su subsiguiente recompensa, hace que nuestros cerebros sepan predecir las respuestas. Y éste seleccione lo que más gratifica.
Los niños que esperan su regalo de Papá Noel, por haberse portado bien, por haber sido buenos, etc., se muestran felices en la espera de la recompensa.
En fin, mucho para pensar como adultos, dónde estar y cómo estar. Pero lo valioso sería poder “estar” donde se desea. Comprometidamente. Escuchar y no embriagarse para olvidar o hacer “como si”…
Tratemos de no dejar nuestra mente errante, sino concentrarnos en dónde estamos, con quienes estamos en el aquí y ahora.
Comprobado está que el dejar la mente deambular, o errante, no nos hace felices.
*Especialista en Vínculos